lunes, 26 de octubre de 2009

UDÓN PÉREZ

“Poseidón duerme bajo las aguas del Lago de Maracaibo”

El hombre contempla las calmadas aguas del lago sin brumas. Aguas atravesadas por los rayos del sol que resplandecen en las escamas de raudos peces. En las orillas el viejo buque yace encallado en arenas de olvido. Su cuerpo muestra las heridas causadas por el salitre y el mástil ya no recuerda las velas al viento de antiguos viajes. Poseidón duerme bajo las aguas del Lago de Maracaibo y el pescador desde su curiara lanza las redes como un guerrero en la soledad de las aguas. Las palmeras del sol se mueven como olas al ser tocadas por el Dios de los vientos. Ahora el hombre camina entre las piedras de los crepúsculos y mira las aves migratorias cruzar el cielo de la tarde. En algún palafito de la memoria el pescador come el pescado fresco, fruto de su sudor y de la bendición de las aguas. De esos predios de sol y agua, viene la palabra del poeta venezolano Udón Pérez, con la segunda edición de su libro “Anfora Criolla” publicado en Maracaibo en 1951. Sobre este notable poeta zuliano nos dice Gregory Zambrano en el Diccionario Enciclopédico de las Letras de América Latina lo siguiente: “Su poesía, con ser una de las más reconocidas y celebradas de su tiempo, tiene un auténtico registro de su entorno regionalista: el paisaje zuliano aparece matizado por la presencia imponente del Lago de Maracaibo, que se cruza también con el registro poético muy personal del pasado heroico de sus coterráneos, impregnado de un fino aliento romántico.”

Udón Pérez (Maracaibo, Edo, Zulia, 1871-1926). Poeta y dramaturgo. De su obra se conocen los siguientes libros: La escala de la gloria (1899); Frutos naturales (1904); Anfora Criolla (1913); Azul i rosa (1918); Bajo los sauces (1921); Colmena Lírica (1921); Divino mundo y el cocotero (1923); Hojas y pétalos (1929); Láurea: cantos patrióticos (1927); Lira triste (1903); Voz del alma (1901), entre otros. Fue redactor del periódico El Centinela (1893); y director de la revista Alma latina (1919- 1920. Igualmente colaboró con las publicaciones más importantes de su tiempo, entre ellas, El Cojo Ilustrado (1895), Bohemia (1895), y Panorama.



El Lago Coquibacoa

Para Abelardo Gorrochotegui


A los pies de la índica Sultana
o en el misterio de la playa sola,
el sol con sus prestigios le aureola,
la noche con sus luces le engalana.

Ora dormita con pereza indiana;
ya ruge, i es un monte cada ola,
que su azur con los gules arrebola
de la nativa sangre i de la hispana.

Buques sombríos de pesadas quillas,
piraguas i bateles como plumas,
hienden su seno, pueblan sus orillas.

I bajo un cielo tropical, sin brumas,
ostenta cual perennes maravillas
dosel de palmas i cendal de espumas.



El pescador

A Julio Martínez.

Es paladín con ímpetus marciales:
la nave su bridón, la red su acero,
la vela henchida su pendón guerrero
i su clarín la voz de los cocales.

Avanza entre las sombras nocturnales;
i en paz el rostro, el corazón entero,
ni le intimida el oleaje artero
ni tiembla ante los roncos vendavales.

Cuando es vencido en el combate rudo,
rueda al abismo, que revuelto brama,
aferrado al timón como a un escudo.

Mas si retorna con la luz de Osiris,
trae en mil peces de bruñida escama
multiplicado i prisionero el iris.



Divagación

A Manuel Díaz Rodríguez

Azul el cielo de la noche; el Lago,
azul también; arriba, las estrellas;
i en el cristal, reproducidas ellas
como en un sueño misterioso i vago.

Gozo en mi barca leve el doble halago,
la doble gracia de las luces bellas:
millón de astros i millón de huellas
que iluminan la senda en que divago.

El cielo es como el lago: níveos tules
de la espuma copió los alabastros….
i finge tal mi mente pensativa,

que bogo entre dos lagos siempre azules,
que voi entre dos cielos llenos de astros,
o hai un cielo a mis pies i un lago arriba.

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