lunes, 26 de octubre de 2009

RAFAEL OLIVARES FIGUEROA

“Alma mía, la ciudad parece olvidar su nombre”

Cuando la palabra cruza la densidad de la niebla, la voz del corazón se hace luz que ilumina posibles caminos. Porque en las nieblas de los sueños caminamos por las nubes del vuelo. Los pájaros de la imaginación cantan entonces en los árboles del cielo. Sin embargo, cuando andamos por esas nieblas sentimos el suave roce de algas al fondo de nuestras aguas. Estamos hechos de agua, tierra, aire y fuego en los crepúsculos del cielo. La palabra navega siempre hacia algún lugar donde pueda ser leída y escuchada, pero, sobre todo, sentida y acariciada, por las plumas de la poseía en sus impredecibles vuelos y viajes, hacia los asombrosos paisajes de la imaginación. De esas nieblas luminosas del lenguaje nos viene el libro “Teoría de la Niebla” del poeta venezolano Rafael Olivares Figueroa, publicado por la Asociación de Escritores Venezolanos, Caracas, 1938. Poemario dedicado a Jorge Guillén, con viñeta en la portada de Gilberto Antolinez. “Teoría de la niebla” fue galardonado con el premio de poesía “Luís Enrique Mármol”. La decisión estuvo a cargo de un jurado integrado por los poetas Luís Barrios Cruz, Ángel Miguel Queremel y Julián Padrón.
“Retorno a la ciudad desconocida” nos dice Olivares, tomado por el asombro ante imágenes oníricas que se van posesionando de su escritura. Esa ciudad desconocida no es otra sino la que se oculta entre los velos de la niebla, donde viven las sensaciones y las emociones. Ese lugar sólo alcanzable desde la palabra hecha vuelo en las aves de los deseos y los instintos, por eso el poeta nos dice: “cortar todo lo que no es ala sobre mis hombros”. En algunos de sus versos se siente cierto acercamiento o búsqueda de un espacio donde el cuerpo pareciera desaparecer, como si de pronto se volviera sonido, luz, aire, agua, sobre todo cuando leemos: “Donde dialoguen los más puros de nuestros ecos” y “que no soy mucho más que alga”. El poeta en estos versos deja una sensación de un retorno a los orígenes mismos de la vida o un retorno a esa ciudad desconocida que posiblemente se encuentre en el silencio de la niebla “entre las aguas interiores”.

Rafael Olivares Figueroa (Caracas, 1893-1972). Publicó los libros: Sueños de arena (1937); Teoría de la niebla (1938); Suma poética (1942); Libro primero de las sátiras (1942); Libro segundo de las sátiras y libro tercero de las sátiras. Ensayos: Folklore venezolano (1948); Diversiones Pascuales de Oriente (1949).


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Alma mía, la ciudad parece olvidar tu nombre,
y, como dibujo de anticuario,
se encristala en el frío traslúcido de la tarde.

He aquí la niebla: zorra gris
escapada de las montañas del cielo.

Pero, nuestras mejillas están juntas;
y el óleo arde bajo tus cejas
podría fundirla, de repente,
si tus miradas no fueran ya como dos lirios
en el cieno de mis ojos.

(El Havre-1936)



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A Jean Groffier

Huyamos, bien mío, a los países
en los que el cielo es como un tamiz profundo;
el cuerpo, allá, categoría de la sombra,
el grito resonancia,
y la luz inquieta, como un caracol entre nácares.

Donde dialoguen los más puros de nuestros ecos,
y no nos sean dadas, superfluamente,
aquellas cosas de que debemos ser nosotros
nuestros únicos proveedores.



***

Ya sólo podré hallarte bajo las banderas del sueño,
en un aislamiento de columna,
ceñida de todas tus violetas.

Nos reconoceremos entre la niebla, como dos navíos,
por una lámpara que llevaremos en la mano.


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