
Vale la pena destacar que esta farmacopea fue muy bien elaborada, en la misma, se especifican los nombres de medicamentos que deben estar en cada botica, indicándose, a su vez, la procedencia de cada elemento, sustancia, compuesto, etc, es decir, si proceden del reino mineral, animal o vegetal. Así, podríamos citar algunos correspondientes al reino vegetal como el aceite de coco, aceite de tártago, aguardiente de caña, ceniza común, caña de india, opio, papelón, ñongué, sen, tamarindo. Del reino mineral: ácido nítrico, ácido sulfúrico, alumbre, azufre, mercurio. Y del reino animal: alacranes, hiel de buey, manteca de cerdo, miel de abejas, entre muchos otros. Asimismo, leemos más adelante, una explicación minuciosa y detallada sobre los pesos que rigen en esta farmacopea, para la regulación de los compuestos, en función de la preparación de los diversos medicamentos. Y así, continuamos pasando las antiguas páginas de este manuscrito, como si estuviéramos inmersos en un viaje, hasta llegar de pronto a la lectura de las fórmulas completas o preparados, predominando entre los mismos, los laxantes y aquellos medicamentos para el tratamiento de heridas y dolencias.
La consulta de esta farmacopea militar, indiscutiblemente, nos da una idea y nos ayuda a configurar una imagen, inherente a la práctica de la medicina y a los medicamentos utilizados en aquellos sangrientos campos de batalla, que recorrieron buena parte del mapa de la Venezuela del siglo XIX. Este documento puede ser consultado en la Colección de Libros Raros, Manuscritos y Archivos Documentales de la Biblioteca Nacional de Venezuela.