jueves, 26 de noviembre de 2009

DIRECCIÓN GENERAL DE VACUNAS (Manuscrito original, 1869)

Carta que dirige el Médico Director de Vacunas José de Jesús Lucena a los miembros del concejo Administrativo del Distrito Libertador de Caracas. En la misma se informa sobre la importancia vital que tiene la compra o importación de Europa a Venezuela del antídoto o vacuna contra la Viruela. El señor Lucena en este documento, solicita presupuesto para continuar con la campaña de vacunación contra la referida enfermedad, la cual había venido dando muy buenos resultados entre 1865 y 1868. Este médico anexa al documento un cuaderno con datos estadísticos donde se señalan calles, caseríos, número de casas visitadas, así como el nombre, edad y sexo de los vacunados. En el mismo cuaderno aparecen notas u observaciones que registran algunos sucesos, circunstancias, logros y obstáculos, en el proceso de vacunación contra esta terrible enfermedad. Esta solicitud no fue atendida favorablemente, por cuanto que las autoridades competentes, no le asignaron presupuesto a la Dirección de Vacunas en aquel mes de enero de 1869. Esto crea una gran desilusión y desencanto en el médico José de Jesús Lucena, al ver interrumpida su humanitaria campaña de prevención contra la viruela. Resulta insólito que una instancia gubernamental excluya de su presupuesto una acción de emergencia a favor de la salubridad pública, más en este caso por tratarse de una enfermedad de alto riesgo de contagio, lo cual, ocasiona rápidamente una epidemia en cualquier población. Cabe destacar que el médico Lucena, además de asumir la Dirección de Vacunas se desempeñó también como Director de la Biblioteca Nacional de Venezuela desde 1863 a 1869. Para manifestar su desacuerdo con las autoridades administrativas que le impidieron su proyecto de vacunación, este médico deja una nota en su documento, como testimonio de lo ocurrido en aquel momento y dice así: “ Este cuaderno con el oficio que precede fue presentado al Concejo Administrativo a fines del mes enero de 1869, casualmente cuando se ocupaba este Cuerpo del presupuesto para el mismo año, en que dejaba sin dotación o eliminada la plaza de Vacuna, y no permitió su lectura: en consecuencia pues, lo deposito en la Biblioteca Nacional que está a mi cargo, con la esperanza de que algún día pueda ser útil a los jóvenes que se dedican a las Ciencias médicas” Cumpliéndose sus deseos, después de 139 años este manuscrito puede ser consultado en la Colección de Libros Raros y Manuscritos de la Biblioteca Nacional de la República Bolivariana de Venezuela.

RUBENANGEL HURTADO


Por algún sitio anda tu corazón conmigo!

El hombre enciende el cigarrillo de sus silencios. Piensa en aquellos cabellos que una vez se deslizaron en la noche de sus manos. Humos de angustia despiden los cigarrillos en esos dedos temblorosos. Humos de voces que callan en aires de velorios y despedidas. Irremediablemente algún día seremos también esas cenizas derramadas por el cuerpo del cigarrillo de temores contenidos. En un rincón de la habitación se sienta la soledad, también a fumarse la vida, sin prisa alguna, indiferente, despreocupada. Ella, la soledad, no conoce apresuramientos hacia los abismos de la muerte. El miedo toma el lápiz y trata de escribir, pero, las palabras se van por los aires, como humos de cigarrillos olvidados en los ceniceros de nuestras rutinas. El hombre enciende otros cigarrillos y dialoga con los lentos humos de inútiles esperas. El cigarrillo es su hermano, su amigo de secretas conversaciones y también la imagen de una vida que se consume en sus propias llamas. Desde esos humos nos viene desde el olvido el título del libro “Los musgos del silencio” del poeta venezolano Rubenangel Hurtado, publicado por Ediciones “Peña Literaria”, Caracas, 1947.
“El aire se ha quedado suavemente dormido” nos dice este poeta al sugerir un ambiente donde habitan extraños espectros en patios de calma y sosiego. Aires donde callan las voces y sólo se escuchan los latidos del corazón de quien escribe y contempla. La quietud se adhiere a los objetos y a las palabras. Todo clamor se vuelve humo en el cigarrillo encendido con las llamas de la añoranza. Ese cigarrillo que lentamente se hace “cuerpo de cenizas” entre los dedos de la angustia. “Yo sé hasta donde desciende tu espíritu de ceniza” afirma el poeta, como si ese espíritu fuera también el suyo “navegando en el aire”. Los textos de este libro nos impregnan de sensaciones y estados del alma, a veces, no tan familiares. En estos versos pareciera hablar la vida desde un lugar muy cercano a la desolación y el descampado.

Rubenangel Hurtado (1923-1974). Publicó los libros: Fueros de Guaicaipuro (1947); Los musgos del silencio (1947); Esta herida que anda (1967); Hombre de corbata ridícula (1970).




AÑORANZA

Mientras la noche duerme, apacible, callada,
pienso en ti, tristemente,
porque es triste el amor sin esperanza.
Aquí el color en torno de mi frente
bate lúgubre alas.

Entre el cielo distante está la luna clara
moviendo sobre el lienzo de la noche serena
sus pinceles magníficos de plata.

El aire se ha quedado suavemente dormido
y brillan entre el verde matiz de la arboleda
cocuyos de rocío
como inmóviles alas.

Vagas sombras se acuestan sobre el lecho del suelo.
En mi interior extiende, totalmente, el silencio
sus impalpables alas
y a lo lejos, muy lejos
el viento va pulsando sus guitarras.

Mientras la noche duerme con su luna de nácar,
yo dentro de ella estoy soñando:
mi pensamiento loco te trae entre sus manos,
tu nombre, de repente, me endulza la garganta,
mis violines de angustia sollozan bajo el arco
de tu recuerdo vivo, profundamente amado,
te envuelve como humo, como un incienso el alma
y tú…¡tan imposible, tan lejana.




EL CIGARRILLO

a Fernando Cabrices

Hermano cigarrillo, vigía del insomnio,
señor de capa blanca,
caballero puntual de los velorios
conducido en bandejas enlutadas,
personaje que pueblas los recesos del baile
con tu llovizna gris, y tu piraguas
de humo perfumado navegando en el aire.

Tu vida es ese absurdo
tránsito de la mano hacia los labios;
vives en una muerte de cenizas,
en una vida azul desintegrado.

Te abrevias en la boca de los hijos del vicio
humillado entre besos de mujeres perdidas,
en ambientes de lujo te desvives
con el vaivén de los modales finos,
y en los labios de estas modernas señoritas
te enciende el otro extremo su fuego de carmines.

Yo sé el destino tuyo,
yo sé hasta dónde sube tu espíritu de humo
y hasta dónde desciende tu cuerpo de cenizas.

Yo sé cómo es tu vida,
yo también me consumo
cargando el encendido rubor de las pasiones,
quemándome en el llanto que arde en los velorios
y en la fiebre que danza en los salones.
Yo también me he sentido
humillado por besos de mujeres oscuras
y he regado mi pobre vanidad en los sitios
donde los gestos tienen suavidades de pluma.
Yo también me he sentido ardiendo en los carmines.
de unos labios sutiles.
Hermano cigarrillo, aquí estamos de nuevo
registrando los amplios rincones de la noche,
y mientras paseamos nuestras divagaciones
te consume la torpe avidez de mi boca.
y me fuma el continuo transcurso de las horas:
tú vas en los ascensos del humo piruetero,
yo asciendo en las brumosas columnas de mi verso.

Amigo inseparable,
tú y yo somos un par de vanidades
vertiginosamente consumidas;
nuestra vida es vivirnos acabando
en una leve muerte de cenizas,
en una vida azul desintegrados.
Tú y yo somos iguales:
somos dos buceadores de la tierra mezquina,
somos dos ilusorios vagabundos del aire!





NOCTURNO

Para Alarico Gómez

Doce pétalos negros, de bronce, van cayendo,
doce veces se rompe el cristal del silencio;
dentro de mí la angustia se abre como una rosa
y en la prisión inmensa de las mudeces hondas
una congoja tiembla sobre el ala del verso:
Medianoche por fuera…Medianoche por dentro!

LOS LIBROS

Qué triste sería pasar por los días y noches del mundo, sin dejar siquiera una palabra, que diga lo que somos, lo que una vez fuimos. Una palabra al menos, para ser leída por los hijos de nuestros sueños, dudas y aciertos que configuran nuestro paso fugaz por los laberínticos pasillos de la vida. Sería muy triste pasar, sin ni siquiera intentar abrir la puerta de esa casa mágica hecha de palabras, que nos invitan a dialogar con nuestros silencios y misterios. Esa casa que nos espera siempre desde las más apartadas estanterías. Porque eso son los libros, casas de voces para ser leídas y escuchadas. Lugar que propicia el encuentro con otras vidas, otros espacios, otras historias y con personajes rebelándose en el misterio de la palabra que los nombra y los eterniza. Cada libro contiene, sin lugar a dudas, una lucha constante por vencer la brevedad del tiempo que nos signa. Cada libro hace del instante vivido, instante que no vuelve, pero que se hace imperecedero en la palabra impresa, que hace posible el milagro de la trascendencia. Somos personajes de un libro que tal vez no llegue a escribirse nunca. O personajes del libro que no leeremos, ese libro que se extravía entre ocultos anaqueles y entre las miles de páginas que conservan en sus tintas la voz de una buena parte de la historia de la humanidad. Entonces, dónde buscarnos, si somos personajes en constante configuración y transformación. Personajes inmersos en aquello que trascurre con asombrosa rapidez, que apenas alcanzamos a leer en las páginas de nuestras vidas, sólo fragmentos y palabras rotas, que se van quedando calladas en alguna calle de nuestra pequeña historia, pequeña, pero particular, única e irrepetible en la sagrada vida de todo ser humano, que habita este extraordinario y muchas veces maltratado planeta. A veces, leer un libro nos hace cruzar puentes hacia paisajes sólo posibles en el reino de la fantasía y el sueño. Paisajes que habitamos y recorremos en las naves de la imaginación. Paisajes que nos hacen sentir emociones, que en nuestra realidad circundante nos resultarían imposibles de alcanzar. Y si nos adentramos en otras lecturas podemos ir a lugares, pueblos y ciudades en alas mágicas de cuentos y novelas que nos invitan a realizar viajes inesperados. Leer un libro nos convierte inevitablemente en el otro, nos hace caminar por los predios de otra vida, por lo general, distante de la rutina que nos agobia. Pero, si leemos otras páginas, nos encontramos también con historias crudas y lamentablemente reales sobre guerras, invasiones, hambrunas y otras desgracias padecidas por la humanidad.

PEDRO LHAYA

Las frías sombras de la noche se deslizan por el aire como raudas serpiente. El arpa de los sueños yace callada en algún rincón de la casa. Los grillos entonan sus cantos desde sus lejanas cercanías. El hombre se siente en el taburete a escuchar la noche de sus recuerdos. Afuera llueve y se siente un fuerte olor a cacao fermentado. Llueve lentamente por la memoria de Río Chico que camina por calles de murmullos y silencios. “El ojo de la muerte mira desde la sombra.” Nos dice el poeta, como si la muerte se transformara en animal sediento que vigila y acecha desde los ocultos ramajes de los instintos. “El arpa esta cautiva” y si el arpa está cautiva, hay tristeza en el hombre que no canta, ni ríe. Pero, amanece claro el cielo, ha dejado de llover y la luz del día ilumina el rostro de los habitantes de la noche recién salidos de la lluvia. Un hombre contempla las danzantes plantas de maíz con sus hermosas mazorcas. El poeta, entonces, camina y recuerda voces venidas del río de su infancia. Piensa en su amiga de siempre, en Alicia, la que le acompañaba en aquellos momentos de contemplación y de fantasías, que alguna vez quedaron escritos “en los cuadernos del mar”. Se escuchan los tambores por valles, sabanas y colinas. Y los pájaros hacen la fiesta con sus cantos y vuelos. Y ahí viene el poeta Pedro Lhaya con su libro “Testamento del corazón” publicado por Ediciones Contrapunto, Caracas, 1950. Libro con portada e ilustraciones hechas por el artista Régulo Pérez. Muchos escriben testamentos, pero, muy pocos escriben “Testamentos del Corazón” donde hablan los sentimientos con palabras tomadas por los ángeles emisarios de los sueños y de las ilusiones. Ángel de la poesía que nunca olvida y recurre siempre a la vida, sobre todo, en tiempos difíciles de ausencias y desencuentros.

Pedro Lhaya (Río Chico, Edo, Miranda, 1921-1983) Estudió Pedagogía y Ciencias de la Educación en el Instituto Pedagógico Nacional. Perteneció al cuerpo de redacción de la revista “Contrapunto”. Junto a Manuel Trujillo dirigió el semanario literario “Sábado”. Publicó en diversas revistas y periódicos del país. Publicó los libros: Caminos de la sangre(1955); Poemas Guajiros; Poemas del Amor(1968); Parábolas del caminante(1966); En Medio de la tempestad (1963); Cantar del amor (1975) y Testamento del Corazón(1950).




CAUTIVERIO DEL ARPA

A Carlos Augusto León

El ojo de la muerte mira desde la sombra
y hay miedo en la ciudad azul del sueño.
Nadie transita ahora.
Llueve,
y el agua canta un viejo salmo negro.

Mi hermano y yo sabemos que en la noche
está colgada un arpa. Pero,
¿quién es capaz de rescatar el arpa
cuando Dios se ha irritado
y maneja su látigo de viento?
Cuando hay un ojo fijo entre la sombra
mirando al corazón de los poetas,
y las alondras del amor han sido
abatidas por pájaros de presa.

El hijo de la muerte
-el primogénito-
ha recogido todos los cocuyos,
y ha roto el canto del maíz y el trigo,
del arroz de la paz y del centeno.
Afuera un perro oscuro,
-perro de odio y duelo-
afila sus colmillos en la piedra
y acecha la garganta del cordero.

Mi hermano y yo sabemos que en la noche
está cautiva el arpa. Pero,
la noche está poblada de asesinos;
reina la sombra,
y en la ciudad azul del sueño
no hay un hombre capaz de acompañarnos
a liberarla de su cautiverio.

El arpa está cautiva.
Mi hermano y yo por ella
en esta hora nos entristecemos.




NOTICIA DEL SUEÑO

Todas las sombras iban de rodillas
-Las cabelleras sueltas flotaban
y en la noche
el lucero más alto golpeaba en una esquina-

¿Dónde está mi guitarra?
-Gritaba yo arrastrándome tras las sombras-

¿Dónde está mi canción y mi risa?

Y era como si mis voces sonaran hacia adentro
o una ciudad rabiosa me hubiera roto el pecho.

Yo iba detrás de aquellas sombras
blasfemando,
implorando,
rugiendo,
con el gran miedo de perder mi guitarra
y de quedarme solo al filo del silencio.
Pero…
en la noche nadie oyó mis voces
y desde entonces perdí la risa,
y la canción, y la guitarra de los sueños.




LA SOMBRA DE ALICIA

I

La sombra de Alicia vaga en la oquedad turbia
y exprime los pechos de nubes.
Sus manos invisibles se columpian
en la heredad del cóndor y las nieves.

¡Ah Alicia, mi Alicia,
como extraño tu voz ahora que llueve!

II

La sombra de mi amiga golpea la ventana
y tañe la guitarra de sus cabellos musicales.
Cada nota penetra en mis sentidos
y puebla el corazón de dulces vaguedades.

¡Ah Alicia, mi Alicia
la noche es navío de soledades!

III

La sombra de mi amante anda entre las espinas rosadas
de los cañamelares vespertinos.
Sus pasos inaudibles trasmutan las guijas apagadas
y siembran arbolitos de luz en los caminos.

¡Ah Alicia, mi amante,
deja frente a mi puerta uno de tus guijarros encendidos!




CANCIONCILLA TONTA


Alicia,
ven a soñar.
Las gaviotas de la tarde
dibujan peces azules
en los cuadernos del mar.

Tu nombre escrito en la espuma
viene y vá
por entre el viñedo glauco
de la vírgenes del mar.

Los niños cantan ahora
el coro del requirám,
y el viento lleva sus voces.
Alicia,
vamos al mar.





¿QUIÉN?

¿Quién arranca el tubérculo que sembró mi padre?

¿Quién cosecha la mazorca del maíz que mi padre sembró?

¿Quién bebe el jugo de las naranjas

y come la pulpa del melón que yo sembré?

¿Quién…..?




AUTOBIOGRAFIA

En Barlovento nací yo,
a la orilla de un río de aguas rojas,
triste y salvaje como mi corazón.

En el cacao fermentado
percibí el drama torvo del negro
cavando su tambor gangoso
para huirse del látigo y del hierro.

Desde entonces vago en la noche
como un animal carnicero,
husmeando el rastro de la vida,
disputando la presa al otro hambriento.

(Del libro: Cuerpo presente)

LA VERGUENZA DE AMÉRICA (GÓMEZ Y LOS VENEZOLANOS)1921


El libroLa vergüenza de América” fue publicado en 1921. El mismo contiene cartas y documentos dirigidos a los comités Latinoamericanos de Nueva York, escritos por un ex-secuestrado de la cárcel de La Rotunda en Caracas. Este persona denuncia públicamente ante representantes de países latinoamericanos, las injusticias y tormentosas torturas sufridas por los presos políticos en las cárceles del dictador Juan Vicente Gómez en Venezuela. Por temor a ser agredido por los esbirros de esa terrible dictadura esta persona no da a conocer su nombre. En estos documentos se hacen denuncias de hechos criminales encubiertos por serviles incondicionales del dictador Gómez. Personas que después de morir a consecuencias de severas torturas eran llevadas a hospitales donde algún funcionario de la dictadura, se valía de sus influencias para hacer ver esos crímenes como muertes naturales, omitiéndose así las verdaderas causas que cobraron tantas vidas en esos infiernos o cárceles venezolanas, que marcaron el mapa venezolano, con las huellas inconfundibles de la muerte, durante la antes mencionada dictadura. Para darnos una idea del contenido de este libro testimonial citaremos textualmente el siguiente fragmento:


“Señores de los comités Latinoamericanos: La publicación de esta carta y de estos documentos es la mejor respuesta que podéis dar al Dr. Márquez Bustillos, pues como se ve “no es tan sombrío el cuadro de las prisiones políticas de Venezuela.” A vosotros y a todos los hombres dignos de la América de Wáshington y la de Bolívar; a la prensa universal; a la civilización; al mundo; a los que gobiernan pueblos o rezar al pie de los altares; a los que disponen de alguna fuerza moral o material, a las mujeres y a los niños que lloran sobre una tumba querida; a la solidaridad americana, este padrón de ignominia y de crimen: !PIEDAD!... Es un grito en la noche, señores, el de un pueblo que sucumbe y se ahoga en una de barbarie, y que apela a los títulos que les confiere ante la América la sangre de sus hijos derramada desde la “manigua” cubana hasta los desiertos del Plata en holocausto por la Libertad”... Firma un ex-secuestrado de “La Rotunda”.

lunes, 23 de noviembre de 2009

PRESIDIOS DE VENEZUELA (Memorias de secuestrados) 1936


El libro “Presidios de Venezuela” fue publicado por la Editorial Selecta, Bogotá, 1936. El mismo reúne una serie de testimonios de aquellos que padecieron las torturas y las más terribles vejaciones, en las cárceles de La Rotunda y El Castillo Libertador. A través de estos testimonios podemos enterarnos de todas las atrocidades que se cometieron en estas prisiones bajo el yugo del dictador Juan Vicente Gómez. En algunas de las páginas de este libro vemos algunas ilustraciones de los artistas: Alberto Arango, Ignacio Jaramillo, Gonzalo Ariza, Sergio Trujillo y Gomer Medina. Dichas ilustraciones contienen imágenes alusivas a torturas y dolorosas escenas, que signaron las terroríficas cárceles de esa dictadura, que llenó de cadáveres las primeras décadas del siglo XX en Venezuela. Entre las personas que escribieron los capítulos de este libro podríamos nombrar algunos como Antonio García, Fernando key, Rafael Mendoza, Germán Herrera Umérez, Héctor Suárez Romero, Ambrosio Purroy, Jóvito Villalba, Miguel Otero Silva, entre otros. Los relatos o testimonios contenidos en este libro aparecen bajo los siguientes títulos: A entregar los anteojos; Las ratoneras; La declaración; El delito de ser loco; El juicio militar del 7 de abril de 1928; Cómo me torturaron; El vaso de leche; De la Rotunda al Castillo Libertador; La Carreta (Poema de Miguel Otero Silva); La Rotunda; Croquis de la planta baja de La Rotunda; La Carcelita; El Manzanillo; El Patio (Antro para las torturas); La Rotunda Nueva y Nota Final. Si nos referimos al proceso de gestación de este interesante libro, no podemos dejar de citar textualmente el siguiente párrafo: “Estando este libro en prensa, ocurrió en Maracay la muerte del tirano Juan Vicente Gómez. Durante 27 años se enseñoreó de Venezuela la tremenda dictadura de este generalote, sobre cuya hombría personal se ha intentado alzar una leyenda; no, Juan Vicente Gómez no estranguló a Venezuela por valor suyo – que no tenía ninguno – sino como instrumento de las compañías petroleras en defensa de los intereses de éstas; en defensa de sus propios intereses y de los latifundistas nativos, que aplaudieron su régimen. A través de las páginas de este libro puede verse hasta qué degradación llevó esta dictadura el terror para sostener esos intereses; terror únicamente comparable a la época inquisitorial...” Las prisiones de La Rotunda y El Castillo Libertador, en nada se diferenciaron a los claustros de la inquisición, donde las torturas se convirtieron en prácticas rutinarias. No olvidemos aquellos “Calabozos del tormento” construidos por orden de inquisidores a quince metros de profundidad, para que no se escucharan los gritos de los torturados en la superficie. También en las cárceles del dictador Gómez se emplearon palabras y frases para identificar las salas de tortura y asesinato: La antesala de la muerte; Cámara de los suplicios; El triángulo de la muerte; El olvido; La resurrección de los vivos, entre otras. Libros como estos deberían reeditarse para que las nuevas generaciones conozcan las injusticias cometidas por hombres como Juan Vicente Gómez, quién escribió con la sangre de sus crímenes, una de las más terribles y abominables páginas de nuestra historia.

jueves, 19 de noviembre de 2009

ENRIQUETA ARVELO LARRIVA

“Inquieta y sumisa, me quedé en mi voz”
La voz puede irse y no volver entre los remolinos del tiempo. Pero, en algún lugar del alma, la voz se hace palabra y se queda para siempre en las páginas de la memoria. Esa palabra se vuelve viento, árbol, río, tierra, en labios de la poesía y los sueños. Una mujer camina por “el ámbito soleado y ciego” del pueblo de Barinitas. Por allí va la maestra hacia el encuentro con los niños de aquella remota escuela. Lleva una libreta con notas, frases o algún verso extraviado entre páginas calladas. Camina desafiando las distancias y recordando alguna frase leída en las cartas de su hermano Alfredo, quien le escribe desde el exilio y el destierro. Esa mujer que escribió cruzada por vientos de olvidos y tomada por las tibias aguas de sus rìos es la autora venezolana Enriqueta Arvelo Larriva. Hoy abrimos las polvorientas cubiertas de su libro “Voz Aislada” y leemos sus textos escritos entre 1930 y 1939. Libro publicado por La Asociación de Escritores Venezolanos, Editorial Elite, 1939. El mismo contiene una carta enviada a Julián Padrón, la cual fue utilizada como prólogo del referido libro. En esta carta leemos pasajes autobiográficos fundamentales para un acercamiento a la vida y obra de esta autora. Allí cuenta que siendo una niña su abuela le dijo: “Tienes que hacerte interesante porque tus hermanas son las bonitas”. En los textos de Enriqueta se hace evidente la presencia del paisaje, pero no el paisaje que sólo se contempla o se describe, sino el paisaje que se siente y se hace vida en una escritura vital. “He ido hoy en el viento” nos dice, como si se hiciera invisible. Y así convertida en viento escribe: “Entré por las más finas rendijas”. Asimismo, cuando se sumerge en las aguas del río es como si entrara en sus propias aguas: /El río está tibio/ /como mi piel/. La poesía llega con sus encantos y su magia a esta mujer que escribe desde el lugar donde: “todas las voces se habían ido”. /Me llevaba el miedo/, pero sus miedos son también los del árbol, los del pàjaro y los miedos de todo lo que vive en sus palabras. En sus textos la palabra y el paisaje se hacen inseparables en la comunión de cantos y silencios, que habitan dentro y fuera de nuestras vidas. Hoy recordamos a Enriqueta del pueblo de Barinitas. Pueblo donde aún se escuchan sus palabras en el idioma de los vientos que pasan, por las extensas sabanas y llanuras de su voz.

Enriqueta Arvelo Larriva (Barinitas, Edo, Barinas, 1886 – Caracas, 1962). Publicó los libros: Voz Aislada (1939); El cristal nervioso (1941); Poemas de una pena (1942); Canto del recuento (1949); Mandato del canto (1957); Poemas perseverantes (1963).



DESTINO

Un oscuro impulso incendió mis bosques
¿Quién me dejó sobre las cenizas?

Andaba el viento sin encuentros.
Emergían ecos mudos no sembrados.

Partieron el cielo pájaros sin nidos.
El último polvo nubló la frontera.

Inquieta y sumisa, me quedé en mi voz.




CIELO

Cielo
liberta mis miradas,
sálvalas de visiones pequeñas.
Súbelas.
Paséalas por tu anchura.
Colma de tu sabia armonía
mi curiosa ignorancia.

Mas si estoy prendida de la tierra,
corta, cielo, mi afán de subir a alcanzarte.
Desgájate y baja.
Da a mi frente que se alborota de pensamientos
honda almohada de tu azul.




VIENEN RECUERDOS DE LA MAESTRA

Vienen recuerdos de la maestra.
Las manos de otoño
labraban en mi tierra viva.
Mi tierra.
Unidad en la fila de geranios,
público de la acacia.

Recuerdos de la maestra.
Gastosas las manos artistas.
Lástima.

Ahora en regazo de tierra,
yo misma me labro.
todas las mañanas.




RADIO, AYER

Poema de mi hermano
–claro, libre-
en clara y libre voz venezolana.
Y temblaba, cruzado de espías,
el pobre hombre del radio.

Mi mano pirateaba
en el botón del radio esclavo.
Barranquilla, Colombia, Certería.
Y te sentía venir, Manuel Rugeles,
con el vedado verso de mi hermano
en la vedada voz.
Invadías en la onda sin miedo
y triunfabas en el hombre que temblaba.

MARÍA CALCAÑO

La voz de una mujer olvida palabras para hacerse sensación en la piel del cuerpo que habla en silencio. Lenguaje secreto que palpita en el corazón de los orígenes. Gestos que emergen desde las profundas grutas del deseo incontenible de abrazar y de besar la carne del placer, por donde corre la savia de sustanciales caricias. Esa mujer se desnuda en la palabra que se hace rebelde y desafiante por las calles del poema. Calles de la ciudad tropical de aquel Maracaibo de los años 1930, que aún guardan los ecos de esa voz, hecha memoria en sus esquinas. Nos referimos a los textos poéticos de la poetisa venezolana María Calcaño que ahora leemos en sus obras completas, publicada por Ediciones “Pancho el Pájaro” de la Sociedad Dramática de Maracaibo, 1996.
“Traigo miel en mi lengua” dice María Calcaño en uno de sus poemas, cuando las tintas de su escritura, también se hacen miel en la piel de ese cuerpo, que despacio va develando su hermosura, en cada palabra que sugiere impredecibles encuentros con la sensualidad y la pasión. La palabra de Calcaño invoca a Eros y se sumerge en la sangre ardiente de las más sentidas emociones. /Y el cuerpo sin límites/ /un extraño temblor/ nos dice más adelante, como si quisiera invitarnos a un viaje por los predios sin límites ni fronteras del cuerpo entregado a sus insospechados placeres. El cuerpo como templo donde las voces callan y se convierten en susurros a los oídos de silenciosas intimidades. El cuerpo que atrae a las abejas a su panal de aromáticos sudores y por el néctar de las flores, que se desliza por las cumbres de sus cálidos senos. También el colibrí del deseo viene a beber en estas fuentes el agua dulce de los sueños. En estos textos las palabras parecieran fusionarse con los movimientos del cuerpo encantado en su misma desnudez. Cuando el cuerpo habla las palabras abandonan la voz y se vuelven miel en los labios que las nombran. El cuerpo tiene su idioma, pero un idioma para ser sentido, en cada misteriosa sílaba que se escribe sobre la piel de las sensaciones.

María Calcaño (Maracaibo, (1906-1956). Obra: Alas fatales (Santiago de Chile: Editorial Nascimiento, 1935); Entre la luna y los hombres (Maracaibo: Ediciones Amigos, 1960); Antología poética (Maracaibo: Universidad del Zulia, 1983); Obras Completas (Maracaibo: Ediciones Pancho el pájaro, 1996).





NARDO PURO

Yo vengo de un lejano
monte desconocido,
con un pecho en la mano
como un nardo dormido.

Como la otra perdida
traigo miel en la lengua
y el vientre partido
como luna en menguante.

Llama de mis cabellos
que alimentan los vientos
libres de cien caminos!

Con el paso inquietante
traigo tintos los ojos de un azul deslumbrante…
y estoy sangrando
como sangran las nubes de diamante.

Pero esta mano llena
de sagrados ungüentos
en sabores me sube
el amor…como a Magdalena.



CARNE

Carne…,
difunde el aliento
de tu pecado más hermoso
tú eres como un jardín.

Vacíate
en el que quiebra
el tapiz de oro de tus vellos.
Dócil
como las criaturas que esperan a Dios.

Prende
como rosas desnudas
las cien cabelleras desordenadas.

Carne…Carne mía!,
intensamente llama,
intranquila, poseedora:
abre!,
tú eres como un jardín.



RECODO

En aquel rinconcito
me esperaba el amor.

Lámina de pradera:
por un hueco de luz,
la carretera
y un pedacito azul
de cielo…

Ansias. Nubes.
Me esperaba el amor,
con un gusto ignorado
en el beso completo
y en el cuerpo sin límites
un extraño temblor…

En aquel rinconcito
me esperaba el amor.
Y más tarde me sentía
tanto dentro del pecho
que el dolor me nacía…



PUERTO

Era perversa
con mi botín de hombres.

El me retuvo…

En mis manos
no pesaban sus manos
de riqueza impoluta.

Y eran dos
llamaradas de ternura
sus ojos.

Despertó en mi vida
como un índice
de soldadura.

El alba ya no pudo negarme.

Y el amor era una hostia
gritada de milagro.



LA TOMA

Me trepan las raíces
de tus manos amadas
y arropada en caricias
ya casi no me veo!

Me saltaste tan sólo
la blancura serena;
seguros de la noche
me moldearon tus brazos,
y fue un enredo fácil
la fiesta inagotable.

Hombre partido en cien
que me fuerzas la vida!,
en mis pechos desnudos
desata tu rudeza,
para que tengan ellos
ese duro barniz
que les falta de hombre.



NUEVA

En estas tardes claras y buenas
cuando parece que todo es nuevo
en las pupilas algo me traigo,
regreso fruta de buen otoño.

Voy minuciosa por el sendero:
en cada hombre veo un amante
y millonaria de la distancia
estoy a caza de los luceros.

Luego mi hombre cuando me toca,
me encuentra extraña para su boca,
me apura íntegra como a un panal.

Y toda en sueños, fragante y nueva,
así me dice con dulce enredo:
este inquietante sabor que tienes!

EL LIBRO DE LOS DEBERES (Manuscrito original, 1868)

“El libro de los deberes” es un documento escrito por D. José Caballero y adicionado por Evaristo Bombona en Caracas, 1868. El mismo fue elaborado para uso de la Escuelas de instrucción primaria y adultos. Este texto o manual de deberes y lecciones sobre moral, fue adoptado en la escuela del “Niño Jesús”, establecida en el Seminario. En sus primeras páginas leemos un texto bajo el título “Objeto de la moral” donde se explican los objetivos que persigue este manuscrito al ser puesto en manos de los alumnos. Leemos allí: “Para que el hombre pueda llegar a ser completamente feliz en el cielo gozando para siempre de la presencia de Dios, es necesario que le conozca, que le ame y que le sirva con todas sus fuerzas en esta vida.” En las páginas siguientes vemos contenidos ya más específicos sobre ”Moral religiosa” tales como los capítulos: Los Deberes del hombre para con Dios; Culto interno y externo- Oración: sus condiciones; Culto privado y público; Obligación de santificar las fiestas; Obligaciones que tenemos respecto de los Ministros del Altísimo; Ventajas de la sobriedad; Perjuicios que trae consigo la embriaguez; El trabajo: sus ventajas; Necesidad del aseo y muchas páginas con recomendaciones sobre métodos de estudio, deberes relativos al alma, ventajas de la educación, entre otros. Aunque este libro recomiende a los alumnos jóvenes y adultos, aspectos eminentemente fundamentados en principios propios de la religión católica, sus contenidos, al tocar aspectos que involucran a todo ser humano, se hacen más amplios y universales. Sorprende, por ejemplo, algunas líneas dedicadas a cuestionar a las personas que deciden quitarse la vida, respecto a esto dice el manuscrito: “El instinto de conservación es común a todos los seres. No hay ningún animal que voluntariamente se prive de la vida, y sólo el hombre abusando de su libertad puede quitársela cometiendo el delito que se llama suicidio.”En algún párrafo de este importante documento se recomienda que el mismo sólo puede ser leído y consultado por alumnos que ya estén finalizando la primaria.

ARCHIVO DEL PARTIDO COMUNISTA DE VENEZUELA

La colección de Libros Raros y Manuscritos de la Biblioteca Nacional de la República Bolivariana de Venezuela, preserva y conserva, el Archivo del Partido Comunista de Venezuela. El mismo fue donado a la referida institución por el Profesor Arturo Cardozo hace algunos años. Hablamos de 42 cajas de documentos que reúnen importante información sobre este partido en Venezuela desde su fundación hasta pasados los años 80. Aparte de las fuentes documentales originales que configuran la historia de esta organización política, se cuenta también con un respaldo de 36 rollos de microfilme, para facilitar la consulta a investigadores, usuarios y personas interesadas en estudiar este archivo, el cual, concentra en sus contenidos buena parte de la historia política contemporánea de nuestro país. Aquí, pueden leerse documentos de Arturo Cardozo, Gustavo Machado, Eduardo Gallegos Mancera, Héctor Mujica, entre otros militantes y combatientes de este partido político. Asimismo, quien consulte este archivo tendrá la oportunidad de leer discursos, propaganda electoral, cartas, documentos referidos a plataformas organizativas, denuncias, periódicos y revistas políticas nacionales e internacionales. Por otra parte, no podemos dejar de nombran una importante cantidad de carteles, volantes y fotografías, que indiscutiblemente se convierten en referencias gráficas de vital importancia. Se revisamos otras cajas de este archivo nos encontramos con una serie de documentos fotocopiados relativos a la insurrección o guerrillas que se dieron en Venezuela a partir de la década de los 60. También leemos en otras carpetas o legajos denuncias sobre crímenes, asesinatos y desaparecidos, perpetrados por los cuerpos represivos, que jamás cesaron en sus acciones de persecución contra los miembros de esta organización política. Creemos que la consulta de este conjunto de documentos nos da un idea de los procesos de conformación y crecimiento de una de las organizaciones políticas en Venezuela, que siempre se ha mantenido en pie de lucha contra imposiciones imperialistas, dictaduras y contra la represión política en todas sus manifestaciones.

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