jueves, 26 de noviembre de 2009

RUBENANGEL HURTADO


Por algún sitio anda tu corazón conmigo!

El hombre enciende el cigarrillo de sus silencios. Piensa en aquellos cabellos que una vez se deslizaron en la noche de sus manos. Humos de angustia despiden los cigarrillos en esos dedos temblorosos. Humos de voces que callan en aires de velorios y despedidas. Irremediablemente algún día seremos también esas cenizas derramadas por el cuerpo del cigarrillo de temores contenidos. En un rincón de la habitación se sienta la soledad, también a fumarse la vida, sin prisa alguna, indiferente, despreocupada. Ella, la soledad, no conoce apresuramientos hacia los abismos de la muerte. El miedo toma el lápiz y trata de escribir, pero, las palabras se van por los aires, como humos de cigarrillos olvidados en los ceniceros de nuestras rutinas. El hombre enciende otros cigarrillos y dialoga con los lentos humos de inútiles esperas. El cigarrillo es su hermano, su amigo de secretas conversaciones y también la imagen de una vida que se consume en sus propias llamas. Desde esos humos nos viene desde el olvido el título del libro “Los musgos del silencio” del poeta venezolano Rubenangel Hurtado, publicado por Ediciones “Peña Literaria”, Caracas, 1947.
“El aire se ha quedado suavemente dormido” nos dice este poeta al sugerir un ambiente donde habitan extraños espectros en patios de calma y sosiego. Aires donde callan las voces y sólo se escuchan los latidos del corazón de quien escribe y contempla. La quietud se adhiere a los objetos y a las palabras. Todo clamor se vuelve humo en el cigarrillo encendido con las llamas de la añoranza. Ese cigarrillo que lentamente se hace “cuerpo de cenizas” entre los dedos de la angustia. “Yo sé hasta donde desciende tu espíritu de ceniza” afirma el poeta, como si ese espíritu fuera también el suyo “navegando en el aire”. Los textos de este libro nos impregnan de sensaciones y estados del alma, a veces, no tan familiares. En estos versos pareciera hablar la vida desde un lugar muy cercano a la desolación y el descampado.

Rubenangel Hurtado (1923-1974). Publicó los libros: Fueros de Guaicaipuro (1947); Los musgos del silencio (1947); Esta herida que anda (1967); Hombre de corbata ridícula (1970).




AÑORANZA

Mientras la noche duerme, apacible, callada,
pienso en ti, tristemente,
porque es triste el amor sin esperanza.
Aquí el color en torno de mi frente
bate lúgubre alas.

Entre el cielo distante está la luna clara
moviendo sobre el lienzo de la noche serena
sus pinceles magníficos de plata.

El aire se ha quedado suavemente dormido
y brillan entre el verde matiz de la arboleda
cocuyos de rocío
como inmóviles alas.

Vagas sombras se acuestan sobre el lecho del suelo.
En mi interior extiende, totalmente, el silencio
sus impalpables alas
y a lo lejos, muy lejos
el viento va pulsando sus guitarras.

Mientras la noche duerme con su luna de nácar,
yo dentro de ella estoy soñando:
mi pensamiento loco te trae entre sus manos,
tu nombre, de repente, me endulza la garganta,
mis violines de angustia sollozan bajo el arco
de tu recuerdo vivo, profundamente amado,
te envuelve como humo, como un incienso el alma
y tú…¡tan imposible, tan lejana.




EL CIGARRILLO

a Fernando Cabrices

Hermano cigarrillo, vigía del insomnio,
señor de capa blanca,
caballero puntual de los velorios
conducido en bandejas enlutadas,
personaje que pueblas los recesos del baile
con tu llovizna gris, y tu piraguas
de humo perfumado navegando en el aire.

Tu vida es ese absurdo
tránsito de la mano hacia los labios;
vives en una muerte de cenizas,
en una vida azul desintegrado.

Te abrevias en la boca de los hijos del vicio
humillado entre besos de mujeres perdidas,
en ambientes de lujo te desvives
con el vaivén de los modales finos,
y en los labios de estas modernas señoritas
te enciende el otro extremo su fuego de carmines.

Yo sé el destino tuyo,
yo sé hasta dónde sube tu espíritu de humo
y hasta dónde desciende tu cuerpo de cenizas.

Yo sé cómo es tu vida,
yo también me consumo
cargando el encendido rubor de las pasiones,
quemándome en el llanto que arde en los velorios
y en la fiebre que danza en los salones.
Yo también me he sentido
humillado por besos de mujeres oscuras
y he regado mi pobre vanidad en los sitios
donde los gestos tienen suavidades de pluma.
Yo también me he sentido ardiendo en los carmines.
de unos labios sutiles.
Hermano cigarrillo, aquí estamos de nuevo
registrando los amplios rincones de la noche,
y mientras paseamos nuestras divagaciones
te consume la torpe avidez de mi boca.
y me fuma el continuo transcurso de las horas:
tú vas en los ascensos del humo piruetero,
yo asciendo en las brumosas columnas de mi verso.

Amigo inseparable,
tú y yo somos un par de vanidades
vertiginosamente consumidas;
nuestra vida es vivirnos acabando
en una leve muerte de cenizas,
en una vida azul desintegrados.
Tú y yo somos iguales:
somos dos buceadores de la tierra mezquina,
somos dos ilusorios vagabundos del aire!





NOCTURNO

Para Alarico Gómez

Doce pétalos negros, de bronce, van cayendo,
doce veces se rompe el cristal del silencio;
dentro de mí la angustia se abre como una rosa
y en la prisión inmensa de las mudeces hondas
una congoja tiembla sobre el ala del verso:
Medianoche por fuera…Medianoche por dentro!

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