
“Cercano a la capital y a un paso
de la granja de las naranjas, existe un viejo poblacho que parece
haberse pasmado bajo el sol. Sus casas arañadas por el tiempo, sus
empedrados nacidos de hierbas y su iglesia de torre cuadrada que
habla con la lengua de sus campanas, todo concurre a darle un aire de
casa muerta y embalsamada. Por la noche manadas de perros congréganse
en las esquinas para ladrar a las sombras de los aleros; por el día
cuatro ancianos de piel arrugada siéntanse en la plazuela, entre las
rosas descoloridas, y se ponen a dialogar con un héroe de yeso a
quien la gloria arrebató la nariz”. (texto tomado del cuento: El
reino del octavo día)
(COTA: 11.623. Colección Pedro
Manuel Arcaya)
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