viernes, 17 de enero de 2014

LECCIONES DE BUENA CRIANZA, MORAL I MUNDO Ó EDUCACIÓN POPULAR



    
Hoy nos referiremos al libro “Lecciones de buena crianza, moral i mundo o educación popular escrito por Feliciano Montenegro y Colón e impreso en la imprenta de Francisco de Paula Núñez, Caracas, 1841. En dicho libro Montenegro dedica una serie de capítulos que responden a su concepción relativa a la moral, educación y buenas costumbres del ciudadano. Asimismo toca aspectos relacionados con la religión, buenos modales, disciplina, cortesía, decencia, honradez y la prudencia, entre otros. El libro esta estructurado en 26 capítulos o lecciones, volumen de 205 paginas encuadernadas en un formato de 14 x 10 cm. En cuanto a su estado de conservación sólo se observan algunas perforaciones ocasionadas por ataque de plaga en algún momento de su larga existencia en los anaqueles del tiempo y la memoria escrita. Para darnos una idea del contenido de cada lección o capítulo contenido en este libro podríamos nombrar los siguientes: De la buena crianza; De los modales; Del aseo de la persona; Defectos y malas propiedades que resultan de la crianza descuidada; Buenas propiedades que se adquieren desde la niñez; Malas propiedades que se adquieren por habitud, chisme, murmuración y calumnias; De la religión y su poderosa influencia; De la sobriedad y de la moderación. Y así, leemos en otros capítulos apreciaciones del autor sobre la pereza, la ociosidad, los placeres y algunas observaciones consideradas útiles por el autor para conservar la salud. De todos los aspectos relacionados con la moral y buenas costumbres escritas por este autor, llama particularmente la atención un párrafo referido a las mujeres, el cual, citamos a continuación: “La ociosidad en las mujeres, las hace además entrometidas, pues el abandono de sus quehaceres las incita a pensar en lo que nos les vá ni les viene; impeliéndose también a tomarse la autoridad que no tienen: todo lo critican entonces, de todo murmuran y en todo se mezclan para decidir; algunas hay tan imprudentes, que ni sus maridos se hallan de su imperiosa voz de mando en las funciones que desempeñan como ciudadanos; y así es que con frecuencia se ve a esta especie de señoras alcaldesas, ingerirse sin rebozo en las demandas de que aquellos conocen como jueces”.

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