jueves, 26 de noviembre de 2009

RUBENANGEL HURTADO


Por algún sitio anda tu corazón conmigo!

El hombre enciende el cigarrillo de sus silencios. Piensa en aquellos cabellos que una vez se deslizaron en la noche de sus manos. Humos de angustia despiden los cigarrillos en esos dedos temblorosos. Humos de voces que callan en aires de velorios y despedidas. Irremediablemente algún día seremos también esas cenizas derramadas por el cuerpo del cigarrillo de temores contenidos. En un rincón de la habitación se sienta la soledad, también a fumarse la vida, sin prisa alguna, indiferente, despreocupada. Ella, la soledad, no conoce apresuramientos hacia los abismos de la muerte. El miedo toma el lápiz y trata de escribir, pero, las palabras se van por los aires, como humos de cigarrillos olvidados en los ceniceros de nuestras rutinas. El hombre enciende otros cigarrillos y dialoga con los lentos humos de inútiles esperas. El cigarrillo es su hermano, su amigo de secretas conversaciones y también la imagen de una vida que se consume en sus propias llamas. Desde esos humos nos viene desde el olvido el título del libro “Los musgos del silencio” del poeta venezolano Rubenangel Hurtado, publicado por Ediciones “Peña Literaria”, Caracas, 1947.
“El aire se ha quedado suavemente dormido” nos dice este poeta al sugerir un ambiente donde habitan extraños espectros en patios de calma y sosiego. Aires donde callan las voces y sólo se escuchan los latidos del corazón de quien escribe y contempla. La quietud se adhiere a los objetos y a las palabras. Todo clamor se vuelve humo en el cigarrillo encendido con las llamas de la añoranza. Ese cigarrillo que lentamente se hace “cuerpo de cenizas” entre los dedos de la angustia. “Yo sé hasta donde desciende tu espíritu de ceniza” afirma el poeta, como si ese espíritu fuera también el suyo “navegando en el aire”. Los textos de este libro nos impregnan de sensaciones y estados del alma, a veces, no tan familiares. En estos versos pareciera hablar la vida desde un lugar muy cercano a la desolación y el descampado.

Rubenangel Hurtado (1923-1974). Publicó los libros: Fueros de Guaicaipuro (1947); Los musgos del silencio (1947); Esta herida que anda (1967); Hombre de corbata ridícula (1970).




AÑORANZA

Mientras la noche duerme, apacible, callada,
pienso en ti, tristemente,
porque es triste el amor sin esperanza.
Aquí el color en torno de mi frente
bate lúgubre alas.

Entre el cielo distante está la luna clara
moviendo sobre el lienzo de la noche serena
sus pinceles magníficos de plata.

El aire se ha quedado suavemente dormido
y brillan entre el verde matiz de la arboleda
cocuyos de rocío
como inmóviles alas.

Vagas sombras se acuestan sobre el lecho del suelo.
En mi interior extiende, totalmente, el silencio
sus impalpables alas
y a lo lejos, muy lejos
el viento va pulsando sus guitarras.

Mientras la noche duerme con su luna de nácar,
yo dentro de ella estoy soñando:
mi pensamiento loco te trae entre sus manos,
tu nombre, de repente, me endulza la garganta,
mis violines de angustia sollozan bajo el arco
de tu recuerdo vivo, profundamente amado,
te envuelve como humo, como un incienso el alma
y tú…¡tan imposible, tan lejana.




EL CIGARRILLO

a Fernando Cabrices

Hermano cigarrillo, vigía del insomnio,
señor de capa blanca,
caballero puntual de los velorios
conducido en bandejas enlutadas,
personaje que pueblas los recesos del baile
con tu llovizna gris, y tu piraguas
de humo perfumado navegando en el aire.

Tu vida es ese absurdo
tránsito de la mano hacia los labios;
vives en una muerte de cenizas,
en una vida azul desintegrado.

Te abrevias en la boca de los hijos del vicio
humillado entre besos de mujeres perdidas,
en ambientes de lujo te desvives
con el vaivén de los modales finos,
y en los labios de estas modernas señoritas
te enciende el otro extremo su fuego de carmines.

Yo sé el destino tuyo,
yo sé hasta dónde sube tu espíritu de humo
y hasta dónde desciende tu cuerpo de cenizas.

Yo sé cómo es tu vida,
yo también me consumo
cargando el encendido rubor de las pasiones,
quemándome en el llanto que arde en los velorios
y en la fiebre que danza en los salones.
Yo también me he sentido
humillado por besos de mujeres oscuras
y he regado mi pobre vanidad en los sitios
donde los gestos tienen suavidades de pluma.
Yo también me he sentido ardiendo en los carmines.
de unos labios sutiles.
Hermano cigarrillo, aquí estamos de nuevo
registrando los amplios rincones de la noche,
y mientras paseamos nuestras divagaciones
te consume la torpe avidez de mi boca.
y me fuma el continuo transcurso de las horas:
tú vas en los ascensos del humo piruetero,
yo asciendo en las brumosas columnas de mi verso.

Amigo inseparable,
tú y yo somos un par de vanidades
vertiginosamente consumidas;
nuestra vida es vivirnos acabando
en una leve muerte de cenizas,
en una vida azul desintegrados.
Tú y yo somos iguales:
somos dos buceadores de la tierra mezquina,
somos dos ilusorios vagabundos del aire!





NOCTURNO

Para Alarico Gómez

Doce pétalos negros, de bronce, van cayendo,
doce veces se rompe el cristal del silencio;
dentro de mí la angustia se abre como una rosa
y en la prisión inmensa de las mudeces hondas
una congoja tiembla sobre el ala del verso:
Medianoche por fuera…Medianoche por dentro!

LOS LIBROS

Qué triste sería pasar por los días y noches del mundo, sin dejar siquiera una palabra, que diga lo que somos, lo que una vez fuimos. Una palabra al menos, para ser leída por los hijos de nuestros sueños, dudas y aciertos que configuran nuestro paso fugaz por los laberínticos pasillos de la vida. Sería muy triste pasar, sin ni siquiera intentar abrir la puerta de esa casa mágica hecha de palabras, que nos invitan a dialogar con nuestros silencios y misterios. Esa casa que nos espera siempre desde las más apartadas estanterías. Porque eso son los libros, casas de voces para ser leídas y escuchadas. Lugar que propicia el encuentro con otras vidas, otros espacios, otras historias y con personajes rebelándose en el misterio de la palabra que los nombra y los eterniza. Cada libro contiene, sin lugar a dudas, una lucha constante por vencer la brevedad del tiempo que nos signa. Cada libro hace del instante vivido, instante que no vuelve, pero que se hace imperecedero en la palabra impresa, que hace posible el milagro de la trascendencia. Somos personajes de un libro que tal vez no llegue a escribirse nunca. O personajes del libro que no leeremos, ese libro que se extravía entre ocultos anaqueles y entre las miles de páginas que conservan en sus tintas la voz de una buena parte de la historia de la humanidad. Entonces, dónde buscarnos, si somos personajes en constante configuración y transformación. Personajes inmersos en aquello que trascurre con asombrosa rapidez, que apenas alcanzamos a leer en las páginas de nuestras vidas, sólo fragmentos y palabras rotas, que se van quedando calladas en alguna calle de nuestra pequeña historia, pequeña, pero particular, única e irrepetible en la sagrada vida de todo ser humano, que habita este extraordinario y muchas veces maltratado planeta. A veces, leer un libro nos hace cruzar puentes hacia paisajes sólo posibles en el reino de la fantasía y el sueño. Paisajes que habitamos y recorremos en las naves de la imaginación. Paisajes que nos hacen sentir emociones, que en nuestra realidad circundante nos resultarían imposibles de alcanzar. Y si nos adentramos en otras lecturas podemos ir a lugares, pueblos y ciudades en alas mágicas de cuentos y novelas que nos invitan a realizar viajes inesperados. Leer un libro nos convierte inevitablemente en el otro, nos hace caminar por los predios de otra vida, por lo general, distante de la rutina que nos agobia. Pero, si leemos otras páginas, nos encontramos también con historias crudas y lamentablemente reales sobre guerras, invasiones, hambrunas y otras desgracias padecidas por la humanidad.

PEDRO LHAYA

Las frías sombras de la noche se deslizan por el aire como raudas serpiente. El arpa de los sueños yace callada en algún rincón de la casa. Los grillos entonan sus cantos desde sus lejanas cercanías. El hombre se siente en el taburete a escuchar la noche de sus recuerdos. Afuera llueve y se siente un fuerte olor a cacao fermentado. Llueve lentamente por la memoria de Río Chico que camina por calles de murmullos y silencios. “El ojo de la muerte mira desde la sombra.” Nos dice el poeta, como si la muerte se transformara en animal sediento que vigila y acecha desde los ocultos ramajes de los instintos. “El arpa esta cautiva” y si el arpa está cautiva, hay tristeza en el hombre que no canta, ni ríe. Pero, amanece claro el cielo, ha dejado de llover y la luz del día ilumina el rostro de los habitantes de la noche recién salidos de la lluvia. Un hombre contempla las danzantes plantas de maíz con sus hermosas mazorcas. El poeta, entonces, camina y recuerda voces venidas del río de su infancia. Piensa en su amiga de siempre, en Alicia, la que le acompañaba en aquellos momentos de contemplación y de fantasías, que alguna vez quedaron escritos “en los cuadernos del mar”. Se escuchan los tambores por valles, sabanas y colinas. Y los pájaros hacen la fiesta con sus cantos y vuelos. Y ahí viene el poeta Pedro Lhaya con su libro “Testamento del corazón” publicado por Ediciones Contrapunto, Caracas, 1950. Libro con portada e ilustraciones hechas por el artista Régulo Pérez. Muchos escriben testamentos, pero, muy pocos escriben “Testamentos del Corazón” donde hablan los sentimientos con palabras tomadas por los ángeles emisarios de los sueños y de las ilusiones. Ángel de la poesía que nunca olvida y recurre siempre a la vida, sobre todo, en tiempos difíciles de ausencias y desencuentros.

Pedro Lhaya (Río Chico, Edo, Miranda, 1921-1983) Estudió Pedagogía y Ciencias de la Educación en el Instituto Pedagógico Nacional. Perteneció al cuerpo de redacción de la revista “Contrapunto”. Junto a Manuel Trujillo dirigió el semanario literario “Sábado”. Publicó en diversas revistas y periódicos del país. Publicó los libros: Caminos de la sangre(1955); Poemas Guajiros; Poemas del Amor(1968); Parábolas del caminante(1966); En Medio de la tempestad (1963); Cantar del amor (1975) y Testamento del Corazón(1950).




CAUTIVERIO DEL ARPA

A Carlos Augusto León

El ojo de la muerte mira desde la sombra
y hay miedo en la ciudad azul del sueño.
Nadie transita ahora.
Llueve,
y el agua canta un viejo salmo negro.

Mi hermano y yo sabemos que en la noche
está colgada un arpa. Pero,
¿quién es capaz de rescatar el arpa
cuando Dios se ha irritado
y maneja su látigo de viento?
Cuando hay un ojo fijo entre la sombra
mirando al corazón de los poetas,
y las alondras del amor han sido
abatidas por pájaros de presa.

El hijo de la muerte
-el primogénito-
ha recogido todos los cocuyos,
y ha roto el canto del maíz y el trigo,
del arroz de la paz y del centeno.
Afuera un perro oscuro,
-perro de odio y duelo-
afila sus colmillos en la piedra
y acecha la garganta del cordero.

Mi hermano y yo sabemos que en la noche
está cautiva el arpa. Pero,
la noche está poblada de asesinos;
reina la sombra,
y en la ciudad azul del sueño
no hay un hombre capaz de acompañarnos
a liberarla de su cautiverio.

El arpa está cautiva.
Mi hermano y yo por ella
en esta hora nos entristecemos.




NOTICIA DEL SUEÑO

Todas las sombras iban de rodillas
-Las cabelleras sueltas flotaban
y en la noche
el lucero más alto golpeaba en una esquina-

¿Dónde está mi guitarra?
-Gritaba yo arrastrándome tras las sombras-

¿Dónde está mi canción y mi risa?

Y era como si mis voces sonaran hacia adentro
o una ciudad rabiosa me hubiera roto el pecho.

Yo iba detrás de aquellas sombras
blasfemando,
implorando,
rugiendo,
con el gran miedo de perder mi guitarra
y de quedarme solo al filo del silencio.
Pero…
en la noche nadie oyó mis voces
y desde entonces perdí la risa,
y la canción, y la guitarra de los sueños.




LA SOMBRA DE ALICIA

I

La sombra de Alicia vaga en la oquedad turbia
y exprime los pechos de nubes.
Sus manos invisibles se columpian
en la heredad del cóndor y las nieves.

¡Ah Alicia, mi Alicia,
como extraño tu voz ahora que llueve!

II

La sombra de mi amiga golpea la ventana
y tañe la guitarra de sus cabellos musicales.
Cada nota penetra en mis sentidos
y puebla el corazón de dulces vaguedades.

¡Ah Alicia, mi Alicia
la noche es navío de soledades!

III

La sombra de mi amante anda entre las espinas rosadas
de los cañamelares vespertinos.
Sus pasos inaudibles trasmutan las guijas apagadas
y siembran arbolitos de luz en los caminos.

¡Ah Alicia, mi amante,
deja frente a mi puerta uno de tus guijarros encendidos!




CANCIONCILLA TONTA


Alicia,
ven a soñar.
Las gaviotas de la tarde
dibujan peces azules
en los cuadernos del mar.

Tu nombre escrito en la espuma
viene y vá
por entre el viñedo glauco
de la vírgenes del mar.

Los niños cantan ahora
el coro del requirám,
y el viento lleva sus voces.
Alicia,
vamos al mar.





¿QUIÉN?

¿Quién arranca el tubérculo que sembró mi padre?

¿Quién cosecha la mazorca del maíz que mi padre sembró?

¿Quién bebe el jugo de las naranjas

y come la pulpa del melón que yo sembré?

¿Quién…..?




AUTOBIOGRAFIA

En Barlovento nací yo,
a la orilla de un río de aguas rojas,
triste y salvaje como mi corazón.

En el cacao fermentado
percibí el drama torvo del negro
cavando su tambor gangoso
para huirse del látigo y del hierro.

Desde entonces vago en la noche
como un animal carnicero,
husmeando el rastro de la vida,
disputando la presa al otro hambriento.

(Del libro: Cuerpo presente)

LA VERGUENZA DE AMÉRICA (GÓMEZ Y LOS VENEZOLANOS)1921


El libro “La vergüenza de América” fue publicado en 1921. El mismo contiene cartas y documentos dirigidos a los comités Latinoamericanos de Nueva York, escritos por un ex-secuestrado de la cárcel de La Rotunda en Caracas. Este persona denuncia públicamente ante representantes de países latinoamericanos, las injusticias y tormentosas torturas sufridas por los presos políticos en las cárceles del dictador Juan Vicente Gómez en Venezuela. Por temor a ser agredido por los esbirros de esa terrible dictadura esta persona no da a conocer su nombre. En estos documentos se hacen denuncias de hechos criminales encubiertos por serviles incondicionales del dictador Gómez. Personas que después de morir a consecuencias de severas torturas eran llevadas a hospitales donde algún funcionario de la dictadura, se valía de sus influencias para hacer ver esos crímenes como muertes naturales, omitiéndose así las verdaderas causas que cobraron tantas vidas en esos infiernos o cárceles venezolanas, que marcaron el mapa venezolano, con las huellas inconfundibles de la muerte, durante la antes mencionada dictadura. Para darnos una idea del contenido de este libro testimonial citaremos textualmente el siguiente fragmento:


“Señores de los comités Latinoamericanos: La publicación de esta carta y de estos documentos es la mejor respuesta que podéis dar al Dr. Márquez Bustillos, pues como se ve “no es tan sombrío el cuadro de las prisiones políticas de Venezuela.” A vosotros y a todos los hombres dignos de la América de Wáshington y la de Bolívar; a la prensa universal; a la civilización; al mundo; a los que gobiernan pueblos o rezar al pie de los altares; a los que disponen de alguna fuerza moral o material, a las mujeres y a los niños que lloran sobre una tumba querida; a la solidaridad americana, este padrón de ignominia y de crimen: !PIEDAD!... Es un grito en la noche, señores, el de un pueblo que sucumbe y se ahoga en una de barbarie, y que apela a los títulos que les confiere ante la América la sangre de sus hijos derramada desde la “manigua” cubana hasta los desiertos del Plata en holocausto por la Libertad”... Firma un ex-secuestrado de “La Rotunda”.

lunes, 23 de noviembre de 2009

PRESIDIOS DE VENEZUELA (Memorias de secuestrados) 1936


El libro “Presidios de Venezuela” fue publicado por la Editorial Selecta, Bogotá, 1936. El mismo reúne una serie de testimonios de aquellos que padecieron las torturas y las más terribles vejaciones, en las cárceles de La Rotunda y El Castillo Libertador. A través de estos testimonios podemos enterarnos de todas las atrocidades que se cometieron en estas prisiones bajo el yugo del dictador Juan Vicente Gómez. En algunas de las páginas de este libro vemos algunas ilustraciones de los artistas: Alberto Arango, Ignacio Jaramillo, Gonzalo Ariza, Sergio Trujillo y Gomer Medina. Dichas ilustraciones contienen imágenes alusivas a torturas y dolorosas escenas, que signaron las terroríficas cárceles de esa dictadura, que llenó de cadáveres las primeras décadas del siglo XX en Venezuela. Entre las personas que escribieron los capítulos de este libro podríamos nombrar algunos como Antonio García, Fernando key, Rafael Mendoza, Germán Herrera Umérez, Héctor Suárez Romero, Ambrosio Purroy, Jóvito Villalba, Miguel Otero Silva, entre otros. Los relatos o testimonios contenidos en este libro aparecen bajo los siguientes títulos: A entregar los anteojos; Las ratoneras; La declaración; El delito de ser loco; El juicio militar del 7 de abril de 1928; Cómo me torturaron; El vaso de leche; De la Rotunda al Castillo Libertador; La Carreta (Poema de Miguel Otero Silva); La Rotunda; Croquis de la planta baja de La Rotunda; La Carcelita; El Manzanillo; El Patio (Antro para las torturas); La Rotunda Nueva y Nota Final. Si nos referimos al proceso de gestación de este interesante libro, no podemos dejar de citar textualmente el siguiente párrafo: “Estando este libro en prensa, ocurrió en Maracay la muerte del tirano Juan Vicente Gómez. Durante 27 años se enseñoreó de Venezuela la tremenda dictadura de este generalote, sobre cuya hombría personal se ha intentado alzar una leyenda; no, Juan Vicente Gómez no estranguló a Venezuela por valor suyo – que no tenía ninguno – sino como instrumento de las compañías petroleras en defensa de los intereses de éstas; en defensa de sus propios intereses y de los latifundistas nativos, que aplaudieron su régimen. A través de las páginas de este libro puede verse hasta qué degradación llevó esta dictadura el terror para sostener esos intereses; terror únicamente comparable a la época inquisitorial...” Las prisiones de La Rotunda y El Castillo Libertador, en nada se diferenciaron a los claustros de la inquisición, donde las torturas se convirtieron en prácticas rutinarias. No olvidemos aquellos “Calabozos del tormento” construidos por orden de inquisidores a quince metros de profundidad, para que no se escucharan los gritos de los torturados en la superficie. También en las cárceles del dictador Gómez se emplearon palabras y frases para identificar las salas de tortura y asesinato: La antesala de la muerte; Cámara de los suplicios; El triángulo de la muerte; El olvido; La resurrección de los vivos, entre otras. Libros como estos deberían reeditarse para que las nuevas generaciones conozcan las injusticias cometidas por hombres como Juan Vicente Gómez, quién escribió con la sangre de sus crímenes, una de las más terribles y abominables páginas de nuestra historia.

jueves, 19 de noviembre de 2009

ENRIQUETA ARVELO LARRIVA

“Inquieta y sumisa, me quedé en mi voz”
La voz puede irse y no volver entre los remolinos del tiempo. Pero, en algún lugar del alma, la voz se hace palabra y se queda para siempre en las páginas de la memoria. Esa palabra se vuelve viento, árbol, río, tierra, en labios de la poesía y los sueños. Una mujer camina por “el ámbito soleado y ciego” del pueblo de Barinitas. Por allí va la maestra hacia el encuentro con los niños de aquella remota escuela. Lleva una libreta con notas, frases o algún verso extraviado entre páginas calladas. Camina desafiando las distancias y recordando alguna frase leída en las cartas de su hermano Alfredo, quien le escribe desde el exilio y el destierro. Esa mujer que escribió cruzada por vientos de olvidos y tomada por las tibias aguas de sus rìos es la autora venezolana Enriqueta Arvelo Larriva. Hoy abrimos las polvorientas cubiertas de su libro “Voz Aislada” y leemos sus textos escritos entre 1930 y 1939. Libro publicado por La Asociación de Escritores Venezolanos, Editorial Elite, 1939. El mismo contiene una carta enviada a Julián Padrón, la cual fue utilizada como prólogo del referido libro. En esta carta leemos pasajes autobiográficos fundamentales para un acercamiento a la vida y obra de esta autora. Allí cuenta que siendo una niña su abuela le dijo: “Tienes que hacerte interesante porque tus hermanas son las bonitas”. En los textos de Enriqueta se hace evidente la presencia del paisaje, pero no el paisaje que sólo se contempla o se describe, sino el paisaje que se siente y se hace vida en una escritura vital. “He ido hoy en el viento” nos dice, como si se hiciera invisible. Y así convertida en viento escribe: “Entré por las más finas rendijas”. Asimismo, cuando se sumerge en las aguas del río es como si entrara en sus propias aguas: /El río está tibio/ /como mi piel/. La poesía llega con sus encantos y su magia a esta mujer que escribe desde el lugar donde: “todas las voces se habían ido”. /Me llevaba el miedo/, pero sus miedos son también los del árbol, los del pàjaro y los miedos de todo lo que vive en sus palabras. En sus textos la palabra y el paisaje se hacen inseparables en la comunión de cantos y silencios, que habitan dentro y fuera de nuestras vidas. Hoy recordamos a Enriqueta del pueblo de Barinitas. Pueblo donde aún se escuchan sus palabras en el idioma de los vientos que pasan, por las extensas sabanas y llanuras de su voz.

Enriqueta Arvelo Larriva (Barinitas, Edo, Barinas, 1886 – Caracas, 1962). Publicó los libros: Voz Aislada (1939); El cristal nervioso (1941); Poemas de una pena (1942); Canto del recuento (1949); Mandato del canto (1957); Poemas perseverantes (1963).



DESTINO

Un oscuro impulso incendió mis bosques
¿Quién me dejó sobre las cenizas?

Andaba el viento sin encuentros.
Emergían ecos mudos no sembrados.

Partieron el cielo pájaros sin nidos.
El último polvo nubló la frontera.

Inquieta y sumisa, me quedé en mi voz.




CIELO

Cielo
liberta mis miradas,
sálvalas de visiones pequeñas.
Súbelas.
Paséalas por tu anchura.
Colma de tu sabia armonía
mi curiosa ignorancia.

Mas si estoy prendida de la tierra,
corta, cielo, mi afán de subir a alcanzarte.
Desgájate y baja.
Da a mi frente que se alborota de pensamientos
honda almohada de tu azul.




VIENEN RECUERDOS DE LA MAESTRA

Vienen recuerdos de la maestra.
Las manos de otoño
labraban en mi tierra viva.
Mi tierra.
Unidad en la fila de geranios,
público de la acacia.

Recuerdos de la maestra.
Gastosas las manos artistas.
Lástima.

Ahora en regazo de tierra,
yo misma me labro.
todas las mañanas.




RADIO, AYER

Poema de mi hermano
–claro, libre-
en clara y libre voz venezolana.
Y temblaba, cruzado de espías,
el pobre hombre del radio.

Mi mano pirateaba
en el botón del radio esclavo.
Barranquilla, Colombia, Certería.
Y te sentía venir, Manuel Rugeles,
con el vedado verso de mi hermano
en la vedada voz.
Invadías en la onda sin miedo
y triunfabas en el hombre que temblaba.

MARÍA CALCAÑO

La voz de una mujer olvida palabras para hacerse sensación en la piel del cuerpo que habla en silencio. Lenguaje secreto que palpita en el corazón de los orígenes. Gestos que emergen desde las profundas grutas del deseo incontenible de abrazar y de besar la carne del placer, por donde corre la savia de sustanciales caricias. Esa mujer se desnuda en la palabra que se hace rebelde y desafiante por las calles del poema. Calles de la ciudad tropical de aquel Maracaibo de los años 1930, que aún guardan los ecos de esa voz, hecha memoria en sus esquinas. Nos referimos a los textos poéticos de la poetisa venezolana María Calcaño que ahora leemos en sus obras completas, publicada por Ediciones “Pancho el Pájaro” de la Sociedad Dramática de Maracaibo, 1996.
“Traigo miel en mi lengua” dice María Calcaño en uno de sus poemas, cuando las tintas de su escritura, también se hacen miel en la piel de ese cuerpo, que despacio va develando su hermosura, en cada palabra que sugiere impredecibles encuentros con la sensualidad y la pasión. La palabra de Calcaño invoca a Eros y se sumerge en la sangre ardiente de las más sentidas emociones. /Y el cuerpo sin límites/ /un extraño temblor/ nos dice más adelante, como si quisiera invitarnos a un viaje por los predios sin límites ni fronteras del cuerpo entregado a sus insospechados placeres. El cuerpo como templo donde las voces callan y se convierten en susurros a los oídos de silenciosas intimidades. El cuerpo que atrae a las abejas a su panal de aromáticos sudores y por el néctar de las flores, que se desliza por las cumbres de sus cálidos senos. También el colibrí del deseo viene a beber en estas fuentes el agua dulce de los sueños. En estos textos las palabras parecieran fusionarse con los movimientos del cuerpo encantado en su misma desnudez. Cuando el cuerpo habla las palabras abandonan la voz y se vuelven miel en los labios que las nombran. El cuerpo tiene su idioma, pero un idioma para ser sentido, en cada misteriosa sílaba que se escribe sobre la piel de las sensaciones.

María Calcaño (Maracaibo, (1906-1956). Obra: Alas fatales (Santiago de Chile: Editorial Nascimiento, 1935); Entre la luna y los hombres (Maracaibo: Ediciones Amigos, 1960); Antología poética (Maracaibo: Universidad del Zulia, 1983); Obras Completas (Maracaibo: Ediciones Pancho el pájaro, 1996).





NARDO PURO

Yo vengo de un lejano
monte desconocido,
con un pecho en la mano
como un nardo dormido.

Como la otra perdida
traigo miel en la lengua
y el vientre partido
como luna en menguante.

Llama de mis cabellos
que alimentan los vientos
libres de cien caminos!

Con el paso inquietante
traigo tintos los ojos de un azul deslumbrante…
y estoy sangrando
como sangran las nubes de diamante.

Pero esta mano llena
de sagrados ungüentos
en sabores me sube
el amor…como a Magdalena.



CARNE

Carne…,
difunde el aliento
de tu pecado más hermoso
tú eres como un jardín.

Vacíate
en el que quiebra
el tapiz de oro de tus vellos.
Dócil
como las criaturas que esperan a Dios.

Prende
como rosas desnudas
las cien cabelleras desordenadas.

Carne…Carne mía!,
intensamente llama,
intranquila, poseedora:
abre!,
tú eres como un jardín.



RECODO

En aquel rinconcito
me esperaba el amor.

Lámina de pradera:
por un hueco de luz,
la carretera
y un pedacito azul
de cielo…

Ansias. Nubes.
Me esperaba el amor,
con un gusto ignorado
en el beso completo
y en el cuerpo sin límites
un extraño temblor…

En aquel rinconcito
me esperaba el amor.
Y más tarde me sentía
tanto dentro del pecho
que el dolor me nacía…



PUERTO

Era perversa
con mi botín de hombres.

El me retuvo…

En mis manos
no pesaban sus manos
de riqueza impoluta.

Y eran dos
llamaradas de ternura
sus ojos.

Despertó en mi vida
como un índice
de soldadura.

El alba ya no pudo negarme.

Y el amor era una hostia
gritada de milagro.



LA TOMA

Me trepan las raíces
de tus manos amadas
y arropada en caricias
ya casi no me veo!

Me saltaste tan sólo
la blancura serena;
seguros de la noche
me moldearon tus brazos,
y fue un enredo fácil
la fiesta inagotable.

Hombre partido en cien
que me fuerzas la vida!,
en mis pechos desnudos
desata tu rudeza,
para que tengan ellos
ese duro barniz
que les falta de hombre.



NUEVA

En estas tardes claras y buenas
cuando parece que todo es nuevo
en las pupilas algo me traigo,
regreso fruta de buen otoño.

Voy minuciosa por el sendero:
en cada hombre veo un amante
y millonaria de la distancia
estoy a caza de los luceros.

Luego mi hombre cuando me toca,
me encuentra extraña para su boca,
me apura íntegra como a un panal.

Y toda en sueños, fragante y nueva,
así me dice con dulce enredo:
este inquietante sabor que tienes!

EL LIBRO DE LOS DEBERES (Manuscrito original, 1868)

“El libro de los deberes” es un documento escrito por D. José Caballero y adicionado por Evaristo Bombona en Caracas, 1868. El mismo fue elaborado para uso de la Escuelas de instrucción primaria y adultos. Este texto o manual de deberes y lecciones sobre moral, fue adoptado en la escuela del “Niño Jesús”, establecida en el Seminario. En sus primeras páginas leemos un texto bajo el título “Objeto de la moral” donde se explican los objetivos que persigue este manuscrito al ser puesto en manos de los alumnos. Leemos allí: “Para que el hombre pueda llegar a ser completamente feliz en el cielo gozando para siempre de la presencia de Dios, es necesario que le conozca, que le ame y que le sirva con todas sus fuerzas en esta vida.” En las páginas siguientes vemos contenidos ya más específicos sobre ”Moral religiosa” tales como los capítulos: Los Deberes del hombre para con Dios; Culto interno y externo- Oración: sus condiciones; Culto privado y público; Obligación de santificar las fiestas; Obligaciones que tenemos respecto de los Ministros del Altísimo; Ventajas de la sobriedad; Perjuicios que trae consigo la embriaguez; El trabajo: sus ventajas; Necesidad del aseo y muchas páginas con recomendaciones sobre métodos de estudio, deberes relativos al alma, ventajas de la educación, entre otros. Aunque este libro recomiende a los alumnos jóvenes y adultos, aspectos eminentemente fundamentados en principios propios de la religión católica, sus contenidos, al tocar aspectos que involucran a todo ser humano, se hacen más amplios y universales. Sorprende, por ejemplo, algunas líneas dedicadas a cuestionar a las personas que deciden quitarse la vida, respecto a esto dice el manuscrito: “El instinto de conservación es común a todos los seres. No hay ningún animal que voluntariamente se prive de la vida, y sólo el hombre abusando de su libertad puede quitársela cometiendo el delito que se llama suicidio.”En algún párrafo de este importante documento se recomienda que el mismo sólo puede ser leído y consultado por alumnos que ya estén finalizando la primaria.

ARCHIVO DEL PARTIDO COMUNISTA DE VENEZUELA

La colección de Libros Raros y Manuscritos de la Biblioteca Nacional de la República Bolivariana de Venezuela, preserva y conserva, el Archivo del Partido Comunista de Venezuela. El mismo fue donado a la referida institución por el Profesor Arturo Cardozo hace algunos años. Hablamos de 42 cajas de documentos que reúnen importante información sobre este partido en Venezuela desde su fundación hasta pasados los años 80. Aparte de las fuentes documentales originales que configuran la historia de esta organización política, se cuenta también con un respaldo de 36 rollos de microfilme, para facilitar la consulta a investigadores, usuarios y personas interesadas en estudiar este archivo, el cual, concentra en sus contenidos buena parte de la historia política contemporánea de nuestro país. Aquí, pueden leerse documentos de Arturo Cardozo, Gustavo Machado, Eduardo Gallegos Mancera, Héctor Mujica, entre otros militantes y combatientes de este partido político. Asimismo, quien consulte este archivo tendrá la oportunidad de leer discursos, propaganda electoral, cartas, documentos referidos a plataformas organizativas, denuncias, periódicos y revistas políticas nacionales e internacionales. Por otra parte, no podemos dejar de nombran una importante cantidad de carteles, volantes y fotografías, que indiscutiblemente se convierten en referencias gráficas de vital importancia. Se revisamos otras cajas de este archivo nos encontramos con una serie de documentos fotocopiados relativos a la insurrección o guerrillas que se dieron en Venezuela a partir de la década de los 60. También leemos en otras carpetas o legajos denuncias sobre crímenes, asesinatos y desaparecidos, perpetrados por los cuerpos represivos, que jamás cesaron en sus acciones de persecución contra los miembros de esta organización política. Creemos que la consulta de este conjunto de documentos nos da un idea de los procesos de conformación y crecimiento de una de las organizaciones políticas en Venezuela, que siempre se ha mantenido en pie de lucha contra imposiciones imperialistas, dictaduras y contra la represión política en todas sus manifestaciones.

viernes, 30 de octubre de 2009

FERROCARRILES EN VENZUELA (Manuscritos originales 1882-1888)

Leer documentos originales sobre ferrocarriles en Venezuela es realizar un viaje a través de los rieles de nuestra historia. Me refiero a un legajo de manuscritos originales que se constituyen a la luz de nuestros días en piezas fundamentales para la investigación sobre variados aspectos relativos a ferrocarriles en nuestro país. Sobre todo por tratarse de proyectos, informes, correspondencias, contratos y algunos planos para vías férreas entre los años 1882-1888. La lectura de estas fuentes documentales, nos permite acceder a una información referida a costos, sueldos, estudios topográficos; así como rutas y materiales a utilizarse en el proceso de construcción de vías a lo largo y ancho del territorio nacional. De la misma manera, podemos también enterarnos de los proyectos del ferrocarril de Puerto Cabello a Valencia, el de La Fría y el de Caracas a Santa Lucía. Y asimismo, estudiar tres volúmenes encuadernados de Alberto Smith con diagramas y cálculos sobre el Gran Ferrocarril de Valencia. Por otra parte, observamos un plano para la construcción de una vía que partiría de Maracaibo pasando por el Moján y Paraguipoa hasta finalizar en Cojoro. En el referido plano se señala con claridad y precisión, los lugares y poblaciones, por donde pasaría el tren que cubriría esta ruta. Además de estos proyectos, leemos también contratos celebrados por Antonio Guzmán Blanco con firmas extranjeras, entre ellos figuran el del ferrocarril de Puerto Cabello a Valencia y Bruzual; el de Petare a Guariquen; el de San Cristóbal al Río Uribante; el del Orinoco a Guasipati y el del ferrocarril que partiría de la Luz hasta Barquisimeto, con el derecho de extender la vía férrea hasta El Tocuyo, Carora y Trujillo. Correlativos a estos proyectos y contratos, leemos cartas o correspondencias que debido a sus contenidos referidos a ferrocarriles en Venezuela, trascienden el carácter meramente personal, para convertirse en importantes documentos que informan sobre asuntos concernientes a construcciones de vías férreas, contratos, costos, participaciones de pagos; instrucciones para maquinistas y fogoneros; acuerdos sobre capitales convenidos para construcción de ferrocarriles e instrucciones para la organización general de servicios de tráfico, entre otros. Estos documentos forman parte de la Colección de Libros Raros y Manuscritos de la Biblioteca Nacional de Venezuela.

EL GRAN FERROCARRIL DE VENEZUELA (1895)

Documento escrito en una libreta de notas por el Ingeniero Edmundo Curiel en 1895. Curiel nos cuenta todo el proceso de la creación de esta vía férrea hasta su culminación y puesta en funcionamiento. En un primer párrafo nos dice: “La concesión para la construcción y explotación de esta vía férrea, que une las ciudades de Caracas y Valencia, fue dada en 1887 al Señor Fried Krupp de Essen de Alemania, quien para el efecto había enviado a Venezuela al Señor Ingeniero L.A.Müeller, el que hizo los estudios preliminares y levantó el plano general de la línea proyectada. El Señor Krupp traspasó en el año 1888 esta concesión a una Compañía anónima titulada “Grosse Venezuela Eisembahn Gesellschafs” cuyos únicos capitalistas son el Disconto Gesllschafs de Berlín y Norddeusche Bank de Hamburgo”. Más adelante leemos: de “El Gran Ferrocarril de Venezuela cuya apertura total al tráfico público se efectuó el primero de Febrero de 1894, después de seis años de asiduos trabajos une la ciudad Caracas con Valencia.” La longitud de la línea en su totalidad es de 179,6 Kilómetros. Acá en este importante documento manuscrito se señala con precisión la distancia existente de una estación a la la otra. Pero, además de esto se hace una descripción geográfica de la zona donde se halla cada estación, tomándose en cuenta su vegetación, tipos de suelos, actividades agrícolas y de ganadería, clima, minería, entre otras. En cuanto a las características estructurales de este ferrocarril se afirma que el mismo lo conforman 18 locomotoras, 33 vagones para pasajeros, 8 vagones para equipajes, 153 vagones para carga y bestias, 36 velocípedos de vía, 3 gruas, 6 giratorias de vía y 3 romanas para vagones. Si nos referimos a la ruta de este tren nombraremos algunos lugares o estaciones por donde pasaría el mismo y así, hacernos una idea de la ruta en su totalidad la cual pasaría por los siguientes lugares: Caracas, Antímano, Las Adjuntas, Macarao, Las Mostazas, El Encanto, Las Tejerías, Santo Domingo, Trapiche del Medio, El Consejo, San Mateo, Turmero, Mariara, San Joaquín, Guacara, Los Guayos y otras. De las estaciones de es este tren sólo hemos nombrados algunas ubicadas en los Valles de Aragua y otras en la Llanura de Carabobo. El autor de este manuscrito se refiere de manera especial a la estación Cabrera ubicada a orillas del Lago de Valencia, porque se espera que la misma se convierta en centro a donde han de concurrir las producciones de los terrenos que circunscriben el Lago. Este documento contiene otras informaciones sobre aspectos relativos a sistemas de rieles y técnicas utilizadas en la construcción de túneles. Por ejemplo, respecto a los túneles, se dice en estas páginas, que fueron hechos con concreto debido a que las piedras de la zona son frágiles y quebradizas.

FERROCARRIL DE PUERTO CABELLO A VALENCIA (Trascripción del contrato original, 1882)

El Congreso de los Estados Unidos de Venezuela

Decreta:
Artículo Único – Se aprueba el contrato celebrado por el Ciudadano Ministro de Obras Públicas, suficientemente autorizado por el Presidente de la República, con el Señor William A. Pile, para la construcción de un ferrocarril, desde Puerto Cabello hasta la ciudad de Valencia, en los términos siguientes:
Artículo 1º - El Gobierno de Venezuela concede a William Pile y a sus asociados o sucesores, derecho para construir un ferrocarril desde Puerto Cabello hasta la ciudad de Valencia. Artículo 2º - La duración de este derecho será noventa y nueve años a contar desde la fecha de la conclusión del ferrocarril, y durante este tiempo el Gobierno de Venezuela, se compromete a no ceder a ninguna persona o compañía el derecho de construir ferrocarril alguno entre Valencia y Puerto Cabello. Artículo 3º- El ferrocarril tendrá cuando menos noventa centímetros de ancho de rieles, con locomotoras, carruajes, carros y vagones indispensables para el tráfico, y construidos con la mayor solidez y la más moderna invención, con las casas de estación y de depósito, tan amplias como sean indispensables para servir al objeto a que se destinan. Artículo 4º- William Pile, se compromete por su parte a organizar una compañía anónima para la construcción de dicho ferrocarril de Puerto Cabello a Valencia. Artículo 5º - Se fijan seis meses para comenzar los trabajos del ferrocarril, que comenzarán a correr de la fecha en que sea aprobado ese contrato por la Legislatura Nacional, prorrogables hasta tres más, a juicio del Gobierno Federal. Articulo 6º – Se fija el plazo de dos años, a contar desde que se comiencen los trabajos del ferrocarril para terminar la construcción y entregarlo al servicio público. Artículo 7 – El Gobierno permitirá, previas las formalidades legales, la introducción libre de derechos aduaneros, de los materiales, máquinas, herramientas y útiles que se necesiten para la construcción. Artículo 9 y 10 – Los empleados, operarios y demás individuos ocupados en la construcción del ferrocarril, y todos sus funcionarios, estarán exentos del servicio militar durante su permanencia en la obra. Se permitirá a la empresa cortar, sin indemnización alguna, en los bosques pertenecientes a la Nación, las maderas que se necesite para la construcción de la obra. Palacio Federal 2 de Junio de 1882. Firma: Guzmán Blanco y el Ministro de Obras Públicas: R. Azpúrua Ministro.

lunes, 26 de octubre de 2009

OFRENDA DEL MUNICIPIO DE LA GUAIRA (Manuscrito original, 1883)

Hoy nos referiremos al manuscrito original “Ofrenda del Municipio La Guaira al Centenario del Libertador, 1883”. El mismo contiene una valiosa información sobre variados aspectos sobre el Municipio La Guaira. Encontramos aquí referencias sobre límites, características topográficas, ríos y quebradas. Asimismo, descripciones sobre un camino de récuas que pone en comunicación a esta población con el Municipio Aguado y otro de herraduras que conduce a Caracas; caminos hacia la Parroquia Macuto y los que van hacia los caseríos Cariaco y San José de Galipán situados en el cerro. Sobre agricultura se mencionan algunos cultivos de la zona tales como el café, cacao, caña de azúcar, maíz, plátano, cebolla, cultivo de variadas hortalizas, flores, entre otros. Por otra parte se habla en otras páginas sobre la imprenta donde se redactaba el “Diario de la Guaira”, periódico destinado al comercio, industrias, artes, ciencias, literatura, noticias, variedades y anuncios. En materia de salubridad pública se nos enteramos de algunos comentarios inherentes al hospital para hombres “San Juan de Dios” y sobre el “Hospital de caridad para mujeres”. Curiosamente leemos en algunas líneas los nombres del Cuerpo Consular residente en La Guaira para esa época y la relación de los músicos de esta localidad, con datos relativos a los instrumentos que tocan y estado de adelanto de cada uno de ellos. Al final de este documento observamos un cuatro estadístico sobre escuelas con sus respectivos nombres, así como la cantidad de alumnos que asistían a cada una de ellas. En el mismo cuadro se leen las materias o asignaturas vigentes en dichas escuelas o centro de instrucción públicas. Por nombrar sólo algunas de las materias que allí se impartían nombraremos algunas como Lectura, Escritura, Contabilidad, álgebra, Religión, Moral, Geometría, Geografía de Venezuela, Gramática castellana, Historia, Dibujo, Costura, Tejidos, Idiomas inglés y francés, entre otras. Por otra parte, se hace referencia a puentes, fuentes públicas, alcantarillas, faroles para el alumbrado, mercados, iglesias y sobre la construcción del bulevar que llevaría el nombre de “Guzmán Blanco”. Para darnos una idea más cercana sobre este manuscrito citaremos un breve párrafo incluido en sus primeras página:”El Objeto de contribuir con algo al Centenario del Padre de nuestra patria, hizo surgir por nuestra mente la idea de recopilar todos los apuntes que encierra el presente folleto. Lo poco hábiles que somos en el arte de las letras, hace que carezca de la cultura necesaria, por lo que pedimos nos dispensen las faltas que el contenga. La Guaira, Mayo de 1883.” Firman: González Hernández y P.L.Burquillos. Este documento puede ser consultado en la Colección Documental Antigua de la Biblioteca Nacional de la Republica Bolivariana de Venezuela.

MANUSCRITOS SOBRE ZARZUELA EN VENEZUELA

Para los amantes y estudiosos de la historia de la zarzuela y la ópera en Venezuela, la División de Manuscritos y Archivos Documentales de la Biblioteca Nacional, ofrece para su consulta una pequeña, pero significativa muestra de libretos originales de zarzuelas, incluyendo uno de ópera. Dichos manuscritos están representados, en su mayoría, por obras del maestro venezolano José Angel Montero (1839-1881) hijo y discípulo de José María Montero. Este músico y compositor se desempeñó como maestro de la Capilla de la Catedral de Caracas (1867) y también como Director de la Banda Marcial de Caracas y de la Orquesta de Teatro de la misma ciudad.
José Angel Montero logró acumular a lo largo de su carrera como músico y compositor, una densa obra que sorprende por su variedad y volumen dentro del género lírico musical. De sus obras más importantes podríamos citar 30 oficios de difuntos; 45 marchas; 15 zarzuelas; 16 oberturas, y la ópera Virginia, sobre el libreto de Doménico Bancalari (1873), en la que se nota más claramente una marcada influencia de los maestros italianos y cuya partitura fue adquirida por el Archivo Audiovisual de la Biblioteca Nacional. Cabe señalar que la ópera Virginia fue considerada por muchos años como la primera ópera que se compuso en Venezuela. Pero, por investigaciones realizadas quedó comprobado que la primera fue El maestro Rufo Zapatero, obra compuesta en 1847 por José María Osorio.
Refiriéndonos directamente a los manuscritos de J. Angel Montero, los cuales conforman la mayoría de este legajo de documentos, podríamos citar a manera de ampliar e ilustrar esta breve información, sus obras que se conservan en la actualidad en la Biblioteca Nacional. Dichas obras son las siguientes: Diomira (tragedia lírica en tres actos. R. S. Traductor. Caracas, 1873), La castañera (zarzuela en un acto), Los tres salmos para la vigilia de difuntos (música religiosa venezolana), Colegialas son colegialas (zarzuela en dos actos, arreglada por Don Patricio Landaluces, con nueva música de J. Angel Montero, 1868), Quiero ser ministro (zarzuela en dos actos; libreto por M. Ma. Bermúdez, música de J. Angel Montero), y El charlatán mudo (zarzuela en un acto por Aramís y música de J. Angel Montero, 1873).
Por otra parte, cuenta también esta muestra con manuscritos sobre óperas y zarzuelas con los siguientes libretos de otra autoría, tales como: El amor y el almuerzo (farsa en un acto; arreglada del francés por Luis Alona; música del maestro Joaquín Gaztambide; representada por primera vez en el teatro del circo en 1856) El estreno de un artista (zarzuela; poesía por Ventura de la Vega y música de Joaquín Gaztambide, 1866) y El último día de carnaval en Caracas (zarzuela en un acto, 1876, de José Trinidad Blanco).
Aunque esta pequeña muestra, sobre la cual hoy hacemos referencia, sólo esté conformada por un total de once manuscritos, esto no le resta la vital importancia que tienen los mismos para la preservación y conservación de la memoria musical relativa a la ópera y a la zarzuela en nuestro país. Además, se trata de documentos originales que denotan, en su estructura y contenido, procesos de creación y escritura que se harían inaccesibles sin tener en las manos la voz viva contenida en dichos originales. Esto indica que el estudio de una manera detallada y profunda de estos manuscritos nos haría testigos de ese silencio que continúa hablándonos a través del tiempo, desde sus tintas secretas que nos acercan a un mundo de posibilidades de indagación, hasta encontrarnos con la fuente de inagotable asombro que caracteriza al momento inicial de creación y realización de una obra, sea musical, literaria, científica etc.
No debemos olvidar que cuando se trata de fuentes originales, en nuestro caso libretos para zarzuelas, no se descarta la posibilidad de que algunos de ellos no hayan transcendido el silencioso espacio de su gestación para ser realizadas en un escenario y también de que encontremos en estas piezas únicas hallazgos importantes, que serían de gran utilidad para el enriquecimiento y la ampliación del conocimiento, que hasta ahora se tiene sobre libretistas, músicos y compositores en nuestro país.

UDÓN PÉREZ

“Poseidón duerme bajo las aguas del Lago de Maracaibo”

El hombre contempla las calmadas aguas del lago sin brumas. Aguas atravesadas por los rayos del sol que resplandecen en las escamas de raudos peces. En las orillas el viejo buque yace encallado en arenas de olvido. Su cuerpo muestra las heridas causadas por el salitre y el mástil ya no recuerda las velas al viento de antiguos viajes. Poseidón duerme bajo las aguas del Lago de Maracaibo y el pescador desde su curiara lanza las redes como un guerrero en la soledad de las aguas. Las palmeras del sol se mueven como olas al ser tocadas por el Dios de los vientos. Ahora el hombre camina entre las piedras de los crepúsculos y mira las aves migratorias cruzar el cielo de la tarde. En algún palafito de la memoria el pescador come el pescado fresco, fruto de su sudor y de la bendición de las aguas. De esos predios de sol y agua, viene la palabra del poeta venezolano Udón Pérez, con la segunda edición de su libro “Anfora Criolla” publicado en Maracaibo en 1951. Sobre este notable poeta zuliano nos dice Gregory Zambrano en el Diccionario Enciclopédico de las Letras de América Latina lo siguiente: “Su poesía, con ser una de las más reconocidas y celebradas de su tiempo, tiene un auténtico registro de su entorno regionalista: el paisaje zuliano aparece matizado por la presencia imponente del Lago de Maracaibo, que se cruza también con el registro poético muy personal del pasado heroico de sus coterráneos, impregnado de un fino aliento romántico.”

Udón Pérez (Maracaibo, Edo, Zulia, 1871-1926). Poeta y dramaturgo. De su obra se conocen los siguientes libros: La escala de la gloria (1899); Frutos naturales (1904); Anfora Criolla (1913); Azul i rosa (1918); Bajo los sauces (1921); Colmena Lírica (1921); Divino mundo y el cocotero (1923); Hojas y pétalos (1929); Láurea: cantos patrióticos (1927); Lira triste (1903); Voz del alma (1901), entre otros. Fue redactor del periódico El Centinela (1893); y director de la revista Alma latina (1919- 1920. Igualmente colaboró con las publicaciones más importantes de su tiempo, entre ellas, El Cojo Ilustrado (1895), Bohemia (1895), y Panorama.



El Lago Coquibacoa

Para Abelardo Gorrochotegui


A los pies de la índica Sultana
o en el misterio de la playa sola,
el sol con sus prestigios le aureola,
la noche con sus luces le engalana.

Ora dormita con pereza indiana;
ya ruge, i es un monte cada ola,
que su azur con los gules arrebola
de la nativa sangre i de la hispana.

Buques sombríos de pesadas quillas,
piraguas i bateles como plumas,
hienden su seno, pueblan sus orillas.

I bajo un cielo tropical, sin brumas,
ostenta cual perennes maravillas
dosel de palmas i cendal de espumas.



El pescador

A Julio Martínez.

Es paladín con ímpetus marciales:
la nave su bridón, la red su acero,
la vela henchida su pendón guerrero
i su clarín la voz de los cocales.

Avanza entre las sombras nocturnales;
i en paz el rostro, el corazón entero,
ni le intimida el oleaje artero
ni tiembla ante los roncos vendavales.

Cuando es vencido en el combate rudo,
rueda al abismo, que revuelto brama,
aferrado al timón como a un escudo.

Mas si retorna con la luz de Osiris,
trae en mil peces de bruñida escama
multiplicado i prisionero el iris.



Divagación

A Manuel Díaz Rodríguez

Azul el cielo de la noche; el Lago,
azul también; arriba, las estrellas;
i en el cristal, reproducidas ellas
como en un sueño misterioso i vago.

Gozo en mi barca leve el doble halago,
la doble gracia de las luces bellas:
millón de astros i millón de huellas
que iluminan la senda en que divago.

El cielo es como el lago: níveos tules
de la espuma copió los alabastros….
i finge tal mi mente pensativa,

que bogo entre dos lagos siempre azules,
que voi entre dos cielos llenos de astros,
o hai un cielo a mis pies i un lago arriba.

TRADICIONES POPULARES (1885)

El libro “Tradiciones Populares” es una colección de crónicas y leyendas naturales narradas por varios autores y compiladas por Teófilo Rodríguez. El mismo fue publicado en Caracas, Imprenta Editorial en 1885. En esta compilación se puede observar crónicas sobre variadas temáticas. Sin embargo, predominan los temas relacionados con fiestas y celebraciones religiosas en Caracas y algunas otras ciudades y pueblos del país. Entre los primeros textos figura uno titulado La Fundación de Santiago de León de Caracas, donde se hacen diversas afirmaciones sobre la fecha de fundación de esta ciudad. Pero son los relatos sobre santos y santas los que recorren la mayoría de las páginas de este libro. Aquí se habla del Santo Niño de Belén de San Francisco, así como de la Iglesia de San Mauricio que estuvo ubicada donde posteriormente se levanta la Santa Capilla. Luego, nos encontramos con un extenso poema dedicado a Nuestra Señora del Socorro de Barcelona y con la historia de El Nazareno de Caracas, el cual era mostrado a los creyentes el miércoles de la Semana Mayor en la Basílica de Santa Ana. Y no podía faltar en estas crónicas un texto que cuenta la historia y la tradición de la Divina Pastora. Entre otras textos relativos a motivos religiosos que también forman parte de este volumen figuran: El regalo Imaginario de la Virgen; La Virgen de la Soledad; La Virgen de Belén de San Mateo, entre otras. Sin embargo, citaremos otras crónicas o relatos de esta compilación, que no se refieren a tradiciones religiosas, sino que se acercan más a temas históricos tales como los titulados: Bolívar en Casacoima; Dos épocas de Boves; Episodio de la Guerra de la Independencia; El Naufragio de Sucre; El Ceibo de Carvajal, entre otros. Al referirnos a los autores de estos textos, por nombrar sólo algunos, aparecen Juan Vicente González, José Gil Fortoul, Julio Calcaño, Arístides Rojas y textos del mismo compilador Teófilo Rodríguez.

ROBERTO MONTESINOS

Ciudad de siete templos, siete cruces clavadas en la memoria del derrumbe. Aún podemos ver los escombros del los templos Santo Domingo y Belén. Algunas casas se resisten a ser devoradas por el polvo de la ausencia. A veces, las casas se hunden en grietas de olvido, pero quedan deambulando en la memoria de sus rincones las voces de sus invisibles habitantes. En todo naufragio o derrumbe, algo queda escrito en alguna página del tiempo o en los vientos que pasan como potros sacudiendo sus crines. Algunos retratos todavía permanecen colgados en paredes de sombras. Pero, las voces, las voces, no se van de los lugares. Una de esas voces es la del poeta Roberto Montesinos que aún nos habla desde aquella ciudad colonial de El Tocuyo. Sus textos vienen ahora a nuestros corazones gracias a la compilación de buena parte de su obra poética, realizada por el poeta e investigador Frank Ortiz Castañeda. Este libro titulado “Poesía y prosa de Roberto Montesinos” fue editado por el “Centro de cultura popular Guachirongo”, Barquisimeto, Edo, Lara, 2001. En sus primeras páginas leemos notas y reflexiones del compilador, que nos acercan a la vida y obra de este importante y olvidado poeta larense. Allí, nos dice Frank Ortiz: “En el caso de Roberto Montesinos se cumple aquella vieja y discutida idea de que el medio donde naces y vives te signa sensibilidad y pensamiento; pues el entorno histórico, geográfico y cultural tocuyano, el medio familiar y el grupo de amigos íntimos pesaron, simbólicamente, en la vida y en la obra literaria del escritor, periodista, investigador y maestro.” Y por otra parte afirma: “Montesinos vive y evoca desde el mismo centro contradictorio de su mundo. Combate en su interior el arraigo, porque desea volar; pero no rompe, no puede con sus “penas sentidas” porque son dulces y lo atan cálidamente. Esa ciudad tan únicamente suya, de primavera permanente para él, le otorga el tesoro mágico donde se ocultan los enigmas de sus poemas.”
En la obra poética de Roberto Montesinos las palabras hacen un recorrido por los remotos parajes de una ciudad signada por ausencias y melancolías. Pero, este poeta no huye de esas calles desoladas, se interna en el alma de la misma desolación, se hace parte de aquello que lo marca y lo atrae con telúrico y misterioso magnetismo. Lo mismo le sucede con el paisaje poblado de cujíes, tunas, cardonales y cerros de cal, que resplandecen como espejos desde las lejanías.

Roberto Montesinos (El Tocuyo, Edo, Lara, 1888-1956). Poeta, prosista, traductor. Profesor de Castellano, Literatura, latín, francés, Mineralogía e Historia. Fundador de “El Tonel de Diógenes” y “La Quincena Literaria. Autor de los libros: Canción del trigo (1926); De “El yermo de los extravíos (1927); La lámpara Enigmática (1925); La ciudad de los lagos verdes (1929); Motivos y oraciones (1946); tristeza del sábado y otros poemas (1945).


EPIGRAFE

Como los sacerdotes de los cultos antiguos,
Adoradores de las penumbras sagradas,
En donde se confunden los contornos ambiguos
Y quedan en suspenso rumores y pisadas.
Yo, silenciosamente, en actitud hierática,
Obedeciendo a un misterioso deleite,
Vierto en vaso de arcilla mi espiritual aceite
Y enciendo suavemente mi lámpara enigmática,
Alumbrará en lo hondo, en lo profundo. El verso
Se alzará silencioso en loor al Universo…
Será el ritmo luz tenue que irradie el sentimiento
Y, en el recinto sacro de mi hermético templo,
Yo seré, en la observancia de mi ritual, ejemplo
Vivo y fiel de egoísmos y de renunciamiento


APUNTE

Agregando a la quieta soledad provinciana
Unas líneas precisas de amable ambigüedad,
Levanta esta casona su austera ancianidad,
Toda descalabrada, como una ruina humana.
Gravemente inclinados se sostienen sus muros
Y se caen las cornisas que el tiempo ha dentellado
Y, por sobre la angustia del portalón arqueado,
Se hunden sus tejados arruinados y oscuros.
Sus ventanas (¡Oh, cifras que dicen tantas cosas,
Sutiles como encajes, fragantes como rosas!)
Sus ventanas mohosas se entrejuntan discretas…
Y se piensa, al mirarlas, que así las ha dejado
La dulce niña ingenua para que el bienamado
Le diga sus promesas nocturnas y secretas.


RECIAS MESETAS

(Paisaje tocuyano)

Recias mesetas amarillas
donde enredan las campanillas
y los buches dan sus rubíes;
entre sus ásperos piedreros
crecen, bravíos, los cabreros
y se retuercen los cujíes.

Cerros de cal, ocre y carbón
enervados de insolación
en el calor meridional;
rocas y rocas y tunales
cardonales y cardonales
y el cacicazgo del turpial.

Alma de sílex de mi tierra
arco y flecha para la guerra,
coa laboriosa de la paz;
grito que evoca la conquista;
raza sumisa pero lista
para formar un solo haz.

Raza nacida de la roca,
negra mirada, sesga boca,
corva nariz de gavilán;
duros músculos de macana
que esperan el día de mañana
con la esperanza de un afán!

Tiene el oído a las mil voces
ligadas, confusas, veloces
que el viento le dice al pasar…
Oh, las voces
las voces,
las voces…
-Quién las pudiera interpretar…!

PÌO TAMAYO

En el cielo de sus miradas jamás dejaron de volar las aves de la vida y la poesía. Aún en los húmedos y salitrosos calabozos del tirano Juan Vicente Gómez, soñaba con cielos para el vuelo de la palabra, en la voz de los pájaros del alma. No hay cadenas que detengan el vuelo del espíritu. Viajó a otros países como ave que no conoce fronteras, cuando se lucha por la justicia y la libertad. Viajó a otros países, no para hacer turismo político, sino para unirse a aquellos, que hacían huelga y protestaban contra los explotadores y los esbirros de la represión; contra los serviles de la muerte y los encarcelamientos. Siempre llevó en su sangre la savia silvestre de Guaicaipuro, Mara y Yaracuy. Y jamás olvidó a sus amigos de la ciudad de El Tocuyo, su ciudad natal, con sus oníricos crepúsculos, tunas y cardonales. Escribió poemas, no con el pretexto de hacer literatura, los versos venían a sus páginas por una necesidad impostergable de escuchar la vida en su voz. Hablamos del joven poeta y luchador venezolano Pío Tamayo. Poeta que hoy leemos gracias a la compilación de sus poemas, prosas y cartas, hecha por el poeta e investigador Franz Ortiz Castañeda y publicada por Edición del Centro de Cultura popular Guachirongo, Barquisimeto, 2001. Allí, nos dice Franz Ortiz en el prólogo o introducción de este libro: “No hay duda, ninguna posibilidad de duda, sobre la entrega de Pío Tamayo, desde muy joven, al ejercicio consciente de la lucha político social y la escritura, como visión imbatible de su condición histórica y humana”. Esta compilación reúne los textos de Pío desde los primeros escritos en El Tocuyo cuando estaba en “El tonel de Diógenes” (1917-1918), hasta los textos escritos y publicados en Puerto Rico (1922), Panamá (1924), Costa Rica (1926), Caracas (1928), Castillo Libertador (1928-1934) y Barquisimeto (1935). Sin embargo, hoy publicaremos en estos espacios el poema completo “HOMENAJE Y DEMANDA DEL INDIO”, leído por Pío el 6 de febrero de 1928 en el Teatro Municipal de Caracas al conmemorarse la semana del estudiante. Ese mismo año Pío Tamayo es detenido y encarcelado en el Castillo de Puerto Cabello, junto con otros dirigentes sociales, políticos y estudiantiles. Permanece en prisión hasta 1934, cuando logra salir, pero en condiciones de salud deplorables. Pío muere en la ciudad de Barquisimeto en 1935. En una de sus cartas escritas desde la prisión en 1932, le dice a su hermano Juan: “…La incomodidad, el calor que sofoca, la penuria, la escasez de libros y medios de estudio, la zozobra y el atropello. Pero el espíritu, alto y fuerte, triunfa y realiza la obra de acerar a los que tienen material de calidad, a los que mañana darán fe de este entrenamiento que la dura cárcel constituye”.
Pío Tamayo (El Tocuyo, 1898 – Barquisimeto, 1935)


HOMENAJE Y DEMANDA DEL INDIO

A su Majestad Beatriz I,
Reina de los estudiantes


Sangre en sangres dispersa,
almagre oscuro y fuerte
estirpe Jirajara,
cacique Totonó,
-baile de pinches, rezo de quenas-
Soy un indio Tocuyo
yo.

Meseta brava y bella
que abre su arcada a los llanos
y sus patios a la luna;
patíbulo de Carvajal,
espinas de cardonales,
polvo y sol.
Altiplano tocuyano
que nutre su carne en jugos
blancos de cañamelar.
Y los hace sangre roja
en la flor del cafetal;
bueno y santo
por la madre,
y porque me enlaza hermano
del de la selva en Oriente
y el de la sierra al Sur.

Yo llegué de ese altiplano
a avivarme en mis hermanos
los de la Universidad,
-savia en afanes quemada,
delirio del roble erguido-
y a rendirte mi homenaje
de indio triste,
Majestad.

Fracasa entre mi canto y mi altivez indígena
la intención en hinojos.
Humo leve de inciensos
como el que ardió en las aras de Tenochtitlán,
quemo en mi corazón,
y humillo el desgreñado orgullo de los vientos
con aguas de remansos,
cenizas de volcanes
y cánticos de amor.
-Así en la tierra antigua donde voló el faisán
usaba la liturgia de la proclamación-.

Los miles de estudiantes
-cada estudiante, Reina,
en un mundo en promesas y un trajín de tormentas-
han abierto hoy sus pechos sobre más infinitos,
al ver que oraculiza en tus manos llaneras
el tripartito escudo de su Federación.
Mañana, anhelo, pueblo,
mirandinos colores de la emancipación.

Beatriz del estudiante,
cetro de rebeldías,
corona de futuros;
bajo el patio de auroras de vuestro trono eres
la juvenil canción de amanecer.
El ensueño durmiente al amparo del alma
jubilosa y dinámica de la Federación,
hecha viva esperanza
en tu luz de mujer.

Y digan con mis voces palabras de tus súbditos
que es tu reinado, Reina, el único que no hace
cesarismo anacrónico,
en esta nutrida selva de Guaicaipuro,
de Mara y Yaracuy,
y del equino trueno
de los cien mil corceles,
sobre el que galopan
libertadas naciones.

Fugitivo perfil de garza morena,
¡Oh, perfume caliente de mazorcas tempranas!
durazno de oro en la rama;
cosa dulce y romántica cuando se dice “amada”;
ternura inacabable de la venezolana;
orgullo de nosotros.
Reina en cuya belleza
riman nobles y claras mis palabras agrestes,
divinizo tu boca
tan ingenua y traviesa
diciendo la dulzura que oí yo ayer.
“Cuando yo sea abuelita
luciré mis trofeos y le diré a mis nietos
que fui reina alguna vez”.
¡Nuncio cándido y bello que sube a vuestros labios
la ternura sagrada que hará de vuestro ocaso
epílogo adorable de un cuento de Perrault
Os verán esos nietos luciendo edades regias
y sonreirán con vos.
El mejor cortesano
-tendrá una voz mimada de Delfín-
solemne afirmará:
Abuelita: Santa Isabel de Portugal,
que convirtiera en rosas el pan de la bondad,
una noche de Reyes se entretuvo en decirme
que tu eras heredera de su linaje real.
Abuelita: desde aquel día te he visto
de reina el corazón.
Oyéndolo, el más pícaro de ellos
vencerá en pugilatos:
¿Desde aquel día? ¡Si ella nació con él!
Santa Isabel tenía muchísima razón.

Y ahora, Majestad
con el sollozo esclavote un jacaney rendido
el súbdito presenta su demanda ante vos
descarnado de insomnios
se consume mi rostro
y los tiempos incrustan sus cauces en mis sienes.
Retornan a romper las abras de los montes
baladros caquetíos.
Se desatan los ecos de vencidos lamentos
corren sobre el área salvaje de los llanos
o se extinguen muriendo en los senos intactos
de un Pacaraima hermético.

¡Me han quitado mi novia!
La novia que me quiso; ¡mi novia enamorada!
Palabras que se dicen con la pena infinita
De quien ya no podrá volverlas a cambiar…
Que bien decirte tú,
como a mi novia, Reina.
En ti la miro a ella
y al mirarte me acuerdo…
Era de sol su carne y de un frágil metal.
El eco de sus voces era de acero azul.
Estaba hecha de alturas. A ti se parecía.

Yo fui su novio niño,
-ya lo hemos sido tantos-.
Cantar, correr, soñar,
en el soleado campo, en la vega porosa,
junto al lirio morado,
al laurel
y al signo rojo de las rosas.

Se adornaron mis labios con su nombre armonioso
con su nombre que es música de banderas y estrellas.
Se miraron mis ojos en el ópalo grande
de sus ojos,
iguales al fanal de los tuyos.
¡Y el abrazo materno que de la tierra avanza
la confiada amorosa sobre mi corazón!

¡Cómo me acuerdo, Reina!
Temblando bajo sombras la amaba con angustias.
En mis venas corrieron los miedos por su vida.
Y un día me la raptaron.
Un día se la llevaron.

Desde los horizontes,
allá donde hace señas de adioses el crepúsculo,
vi encenderse los últimos luceros de sus besos.

Aprestarse a la andanza, porque la hemos perdido
¡y salir a buscarla!
¡Mirar cómo levantan asfixias hasta el cielo
las crestas de los cerros!
Agotarse llamándola en los senderos mudos.
Oscurecerse en noches solitario y rendido,
¡y sentirla que sufre y que se está muriendo!
¡Ah! Ya no puedo más, Reina Beatriz. ¡No puedo!
Vuele a llorar el indio en su llanto agorero.

Pero no, Majestad,
que he llegado hasta hoy,
y el nombre de esa novia se parece a vos!
Se llama: LIBERTAD!
Decidle a vuestros súbditos
-tan jóvenes que aún no puedo conocerla-
que salgan a buscarla, que la miren en vos,
¡Vos, sonriente promesa de escondidos anhelos!
Vuestra justicia ordene.
Y yo, enhiesto otra vez,
-alegre el junco en silbo de indígena romero-
armado de esperanza como la antigua raza,
perseguiré en marcha.
Pues con vos, Reina nuestra,
juvenil, en tu trono, se instala el porvenir!


(Poema leído por Pío Tamayo en El teatro Municipal de Caracas, 1928)

ANÉCDOTAS Y LEYENDAS DE LA VIEJA CARACAS (1971)

El libro “Anécdotas y leyendas de la vieja Caracas” de Carmen Clemente travieso, publicado por el Concejo Municipal del Distrito Capital en 1971, al celebrarse el año sesquicentenario de la batalla de Carabobo (1821-1971). En estas páginas el lector podrá hace un recorrido por la memoria de la ciudad de Caracas. Carmen Clemente Travieso hace como una especie de reconstrucción de esta ciudad con las crónicas reunidas en este libro. Nos habla de cómo la ciudad de Caracas ha visto desaparecer lugares, puentes, plazas, así como costumbres y tradiciones. Sobre esta autora nos dice en el prólogo de este volumen Ernesto Silva Tellería lo siguiente: “Carmen Clemente Travieso es autora de una basta obra que la define como una de las valiosas escritoras de nuestro país. Pero, donde su obra aparece con mayor realce es en sus páginas acerca del pasado caraqueño, donde con pluma aguda y hondo sentimiento nativo, dejó trazada la historia, cercana y lejana, de la ciudad que la viera nacer. Quienes lean la hermosas páginas de Carmen Clemente travieso que integran el presente volumen, harán un viaje espiritual a través de una ciudad que sus ojos no podrán ya conocer jamás.” En ese viaje por la Caracas de ayer que hacemos a través de la lectura de este libro leemos crónicas como: La variedad de los dulces criollos; La dulcera María Luisa; Francisco Suñe Bertrán, fundador de Catia; Los juegos venezolanos: La zaranda, juego del trompo, el guataco; Caracas y sus tipos populares; La lavanderías chinas; Tres puentes de leyenda; La Casa Amarilla, primera cárcel colonial; El real asilo de Caracas, entre otras crónicas que dibujan la Caracas de antaño. Leamos entonces un fragmento de una de estas crónicas titulada: Los Mercados Modernos: “El Mercado Principal levantado por Guzmán Blanco en el mismo sitio donde estaba la Capilla y Convento de San Jacinto, era algo monumental por el abarrotamiento de frutas y legumbres que ofrecía: los pilones de naranjas y legumbres, los mameyes oloroso, las guayabas pintonas y maduras, las parchas granadinas y los cambures que eran vendidos una mano con 15 cambures por medio real; y los mangos, cuya evolución merecen capítulo aparte. Se ha dicho, y es cierto, que los tiempos de cosechas de la cosecha de mangos alimentaban al pueblo en sus hambrunas (…) Los mangos entonces no eran un comercio establecido: todo el que quería comerlos no tenía más que dirigirse a San Bernandino, o más allá, al Callejón de los Machado en los Dos Caminos para tomar todos los que quisieran”.

RESEÑA DE LAS TRIBUS O PARCIALIDADES DE INDIOS DEL TERRITORIA DE LA GOAGIRA.(Manuscrito original, 1880)

Documento copiado de los “Ayuntamientos estadísticos de los Territorios Federales” por orden del Gobernador del Territorio de La Goagira. Santa Teresa, Junio 24 de 1880.
El contenido de este documento copiado o trascrito, podríamos afirmar que se trata de algo así como un informe sobre variados aspectos inherentes a la vida y costumbres de los indígenas del territorio de La Goagira venezolana. Por supuesto, que esas afirmaciones responden a una visión o a una apreciación muy particular, por parte de aquellos que escribieron sobre la vida de estas comunidades. Así, se dice de ellos, por ejemplo, lo siguiente: “…no dan muestra de profesar culto alguno, por no haber tenido nunca al parecer idea fija de la Divinidad, aunque parece si creen en la inmortalidad del alma, pues cuando mueren, los parientes del difunto lavan sus huesos y los cuelgan de los techos de sus barracas en sacos y canastos, y dicen que el difunto ha ido a reunirse con sus parientes y amigos.” Asimismo, se habla allí de manera especial sobre la importancia del Piache en esas comunidades. Se afirma que el Piache era como una especie de médico y adivino que conoce las propiedades curativas de algunas plantas. En cuanto a costumbres se comenta sobre tareas y actividades que deberían cumplir los hombres o mujeres de manera colectiva e individual. Más adelante leemos otro párrafo que consideramos importante citar: “Dice la historia que los primeros descubridores de América encontraron establecidas sociedades y gobiernos regulares, y que en lo que se llama hoy Venezuela había tribus que aunque independientes y nómades, reconocían un Jefe o Cacique a quien obedecían, y el que ejercía sobre ellos autoridad.” Este documento fue escrito en seis páginas formato 32 x 22 cm.

RAFAEL OLIVARES FIGUEROA

“Alma mía, la ciudad parece olvidar su nombre”

Cuando la palabra cruza la densidad de la niebla, la voz del corazón se hace luz que ilumina posibles caminos. Porque en las nieblas de los sueños caminamos por las nubes del vuelo. Los pájaros de la imaginación cantan entonces en los árboles del cielo. Sin embargo, cuando andamos por esas nieblas sentimos el suave roce de algas al fondo de nuestras aguas. Estamos hechos de agua, tierra, aire y fuego en los crepúsculos del cielo. La palabra navega siempre hacia algún lugar donde pueda ser leída y escuchada, pero, sobre todo, sentida y acariciada, por las plumas de la poseía en sus impredecibles vuelos y viajes, hacia los asombrosos paisajes de la imaginación. De esas nieblas luminosas del lenguaje nos viene el libro “Teoría de la Niebla” del poeta venezolano Rafael Olivares Figueroa, publicado por la Asociación de Escritores Venezolanos, Caracas, 1938. Poemario dedicado a Jorge Guillén, con viñeta en la portada de Gilberto Antolinez. “Teoría de la niebla” fue galardonado con el premio de poesía “Luís Enrique Mármol”. La decisión estuvo a cargo de un jurado integrado por los poetas Luís Barrios Cruz, Ángel Miguel Queremel y Julián Padrón.
“Retorno a la ciudad desconocida” nos dice Olivares, tomado por el asombro ante imágenes oníricas que se van posesionando de su escritura. Esa ciudad desconocida no es otra sino la que se oculta entre los velos de la niebla, donde viven las sensaciones y las emociones. Ese lugar sólo alcanzable desde la palabra hecha vuelo en las aves de los deseos y los instintos, por eso el poeta nos dice: “cortar todo lo que no es ala sobre mis hombros”. En algunos de sus versos se siente cierto acercamiento o búsqueda de un espacio donde el cuerpo pareciera desaparecer, como si de pronto se volviera sonido, luz, aire, agua, sobre todo cuando leemos: “Donde dialoguen los más puros de nuestros ecos” y “que no soy mucho más que alga”. El poeta en estos versos deja una sensación de un retorno a los orígenes mismos de la vida o un retorno a esa ciudad desconocida que posiblemente se encuentre en el silencio de la niebla “entre las aguas interiores”.

Rafael Olivares Figueroa (Caracas, 1893-1972). Publicó los libros: Sueños de arena (1937); Teoría de la niebla (1938); Suma poética (1942); Libro primero de las sátiras (1942); Libro segundo de las sátiras y libro tercero de las sátiras. Ensayos: Folklore venezolano (1948); Diversiones Pascuales de Oriente (1949).


***

Alma mía, la ciudad parece olvidar tu nombre,
y, como dibujo de anticuario,
se encristala en el frío traslúcido de la tarde.

He aquí la niebla: zorra gris
escapada de las montañas del cielo.

Pero, nuestras mejillas están juntas;
y el óleo arde bajo tus cejas
podría fundirla, de repente,
si tus miradas no fueran ya como dos lirios
en el cieno de mis ojos.

(El Havre-1936)



***

A Jean Groffier

Huyamos, bien mío, a los países
en los que el cielo es como un tamiz profundo;
el cuerpo, allá, categoría de la sombra,
el grito resonancia,
y la luz inquieta, como un caracol entre nácares.

Donde dialoguen los más puros de nuestros ecos,
y no nos sean dadas, superfluamente,
aquellas cosas de que debemos ser nosotros
nuestros únicos proveedores.



***

Ya sólo podré hallarte bajo las banderas del sueño,
en un aislamiento de columna,
ceñida de todas tus violetas.

Nos reconoceremos entre la niebla, como dos navíos,
por una lámpara que llevaremos en la mano.


***

COSTUMBRES VENEZOLANAS (1877)

“Costumbres venezolanas” libro del autor Francisco de sales Pérez, fue publicado por primera vez en 1877. La edición que reseñamos hoy corresponde a la de 1919, publicada por Tip. Cultura venezolana en Caracas. Este libro reúne una colección de artículos periodísticos. Se destaca en este libro las ilustraciones con láminas originales hechas por el pintor Arturo Michelena, cuando sólo contaba con apenas 13 años de edad. Dichas ilustraciones sorprenden por el alto dominio del dibujo, desarrollado en variadas técnicas. Estas láminas o dibujos reflejan escenas cotidianas de la vida tanto en el campo como en la ciudad. Es decir, cada dibujo ilustra los artículos o relatos costumbristas de Francisco de Sales Pérez. Artículos que por sus contenidos y el lenguaje empleado en los mismos, muestran calidad narrativa, algunos de ellos podemos leerlos como cuentos ricos en humor y en recursos que enriquecen cada uno de sus artículos o narraciones. Los textos de este libro, más allá de referirnos a costumbres o la manera de vivir del caraqueño para aquellos años, también refleja aspectos sicológicos de personajes que aparecen en sus relatos. Asimismo, nos refiere el autor a ciertos sucesos novedosos en la cotidianidad de esos años. Para nombrar sólo algunos, podríamos citar su artículo donde nos habla de la aparición de las modistas en la ciudad de Caracas. Leamos parte de ese texto titulado: La Modista, allí leemos en uno de sus párrafos: “Para las mujeres, ha venido a ser la modista como la aparición de una octava maravilla: para los maridos y los padres, ha venido a ser la octava plaga. Aquéllas han encontrado en la modista el cosmético infalible para aumentar sus encantos; estos, han hallado una agresión constante contra sus bolsillos”. Entre muchos títulos contenidos en este volumen el lector podrá leer El Boticario del pueblo, Un almuerzo en el campo, El hambre, La vida del campo, Las Rifas, Los pobres, La fiesta de San Canuto, Progreso, entre otros. Y en la última parte podemos leer las fábulas: Los perros y los gatos, Los Caballos Gemelos, El carpintero y el palo, El tigre y el gato, etc. La lectura de este libro, además de deleitarnos con tantas historias contadas de una forma tan amena, también nos informa de elementos claves para una mejor comprensión de la vida de la gente, que caminaba por las veredas de aquellos años. Esta obra puede ser consultada en la Colección de Libros Raros y Manuscritos de la Biblioteca Nacional de la República bolivariana de Venezuela.

EL SIGLO XIX EN VENEZUELA (1899)

Libro impreso en la imprenta “El Lápiz” de Tulio Febres Cordero, Mérida, 1899. Considerado hasta hoy como el libro más pequeño impreso en Venezuela, se conocen otros títulos de formato pequeño, pero fueron hechos con procedimientos de reducción y reproducción. Este libro con un formato de apenas 5 x 4 cm fue elaborado exclusivamente en imprenta, de allí su gran valor tipográfico, que lo convierte en una joya bibliográfica, la cual se conserva en la Colección de Libros Raros y Manuscritos de la Biblioteca Nacional de Venezuela. Consta de 40 páginas relativas a fechas importantes del siglo XIX venezolano. Su lectura resulta agradable por tratarse de un resumen de la historia de Venezuela en el siglo antes mencionado, comenzando desde 1801 hasta 1900. Al referirnos a este libro estamos a su vez haciéndole un reconocimiento a ese gran impresor y editor merideño como lo fue el maestro Tulio Febres Cordero, a quien se le deben grandes aportes a la tipografía, el periodismo y las artes gráficas en Venezuela. Cómo olvidar sus extraordinarios trabajos de imagotipia realizados con sorprendente maestría. También se le reconoce la circulación de una significativa cantidad de números del periódico “El Lápiz” nacido en su imprenta en 1885. De este periódico se conservan 71 números encuadernados en la Colección Pedro Manuel Arcaya de la Biblioteca Nacional de Venezuela. No debemos olvidar que Venezuela tuvo en la primera mitad del siglo XIX a grandes impresores como Juan Baillío, Gutiérrez Díaz, Valentín Espinal, Tomás Antero, Devisme Hermanos, entre muchos otros. Y decimos esto para afirmar que Don Tulio Febres Cordero viene como a conectarse históricamente con estos grandes impresores que dejaron muestras de sus trabajos de alta calidad tipográfica. Y quién pondría en duda la calidad en los trabajos del maestro Febres Cordero.

HATOS DE EL CAURA (Manuscrito original, 1900)

“Breve descripción de la posesión pecuaria y agrícola “Hatos de El Caura” que fue propiedad del finado Gral Joaquín Crespo y la cual pasó á ser: la mitad de la viuda del finado Gral Crespo, y por la otra mitad, de su hija la Sra Inés María Crespo de Guerra, quien ha autorizado á su esposo el Sr Juan R. Guerra, para agenciar la venta de sus derechos en la expresada propiedad.” (Párrafo tomado textualmente del documento).
Según este importante manuscrito “Hatos de El Caura” estos se encuentran situados en la jurisdicción del Distrito Cedeño, Estado Guayana, República de Venezuela. En otra página del mismo leemos que El Caura limitaba al Norte con el río Orinoco; al Sur con terrenos baldíos; al Este con los ríos Caura y Mato, y al Oeste con el río Cuchivero. Por otra parte, se nombran los hatos que lo conformaban, especificándose la cantidad de reses, caballos, mulas y burros que poseía cada uno de ellos. Dichos hatos son los siguientes: San Joaquín, La Aurora, Santa Ana, La Horqueta, Miraflores, San Carlos, El Jopal, Mantecal, Altagracia, La florida. En cuando a la cantidad de reses que poseían todos estos hatos alcanzaban la suma de 11.139, sumándole a esta cantidad 12.000 reses alzadas o cerreras, pero que también eran propiedad de los mismos. Asimismo leemos en otras páginas que este ganado era de raza fina, producto del cruce de Cebú con ganado africano del cual se exportaban cantidades significativas de reses a Cuba. Respecto a la extensión de terrenos y potreros nos enteramos en esta valiosa fuente documental, que eran de grandes dimensiones, donde holgadamente podían apacentar no menos de 300.000 reses. La segunda parte del documento que hoy comentamos, se refiere a las bastas extensiones de terrenos, ubicados en los antes referidos hatos, con condiciones optimas para el cultivo de cacao, arroz, caña, trigo, café, maíz, plátanos, yuca, madera, entre otros. Estos terrenos no requerían riego, ni abonos, porque el río Orinoco en sus grandes crecidas bañaba estas tierras, dejándolas húmedas y abonadas al volver a su cauce normal. Documento firmado por Juan R. Guerra en Caracas el 1 de mayo de 1900. El mismo puede ser consultado en la División de Libros Raros y Manuscritos de la Biblioteca Nacional de la República Bolivariana de Venezuela.

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